CRONICAS
CARCELARIAS SADICAS DE LA VENEZUELA ACTUAL (2da parte,
venezolanos)
“Chávez tenía una cosa
como de cinismo muy importante, pero que Maduro desarrollo muchísimo, que es la cultura de la crueldad…Maduro y su
gobierno le propusieron al país una cultura de la crueldad muy fuerte y una
burla. Hay que recordar como públicamente se burlaban. Yo fui a votar en las elecciones de 2024 y estuve el 29 y vi las manifestaciones
genuinas, comparadas con la bajada de
los cerros de febrero del 89, sentía que le habían robado su voto. Hay que
recordar cómo reaccionó el gobierno frente a eso y ver a Maduro haciendo
chistes: tun, tun, se me van pa Tocorón, cuando
tenía a 2.000 muchachos presos…” Escritor ALBERTO BARRERA
TISKA en entrevista con Cesar Miguel Rondón. 05/02/2026.
“Una segunda etapa
donde fui trasladado a Zona 7, que
es un centro que esta hoy muy en boga,
pero la verdad es que muchas de esas
celdas son el infierno. Mira, ahí yo
estuve en hacinamiento en celda muy pequeña junto a 37 personas, los cuales
eras presos por delitos comunes y no políticos. Había personas allí que
tenían tuberculosis y no estaban siendo atendidas y además teníamos que
convivir con ratas. No tan solo eso, las ratas dormían entre los presos, sino
que además no había baño, entonces había una esquinita de la celda que
estaba destinada para que los presos
hicieran las necesidades en bolsa y no teníamos acceso a alimentación y si no es por la solidaridad
de los otros reclusos, pues sencillamente no hubiese podido alimentarme.” Declaraciones
de Jesús Armas, expreso político. Dosier Venezuela Podcast. Lunes 08 de febrero de 2026.
“Pedimos perdón, a mí no me gustan los presos, puede ser necesario por los códigos penales o por lo que sea o por las
realidades de la política y de la situación concreta de una sociedad. Hago otra
inferencia más, a mi Chávez una vez me ofreció, imagínese tamaño desaguisado, ser Ministro del Interior, y me
dijo, mejor no porque vas a soltar todos
los presos…” Jorge Rodríguez en la Asamblea Nacional 4/02/2026
Hay dos palabras me
que llaman la atención para caracterizar este momento histórico sobre lo que
sucede en Venezuela: La crueldad y
el cinismo. Para el filósofo Edgar
Morín, la crueldad es la negación
radical de la humanidad del otro, tratándolo
como un objeto a destruir e ignorando su dignidad, amor y complejidad.
Se manifiesta a través de la
indiferencia ante el dolor ajeno y el castigo a inocentes, justificada por la
responsabilidad colectiva. En Venezuela a lo largo de estos 26 años el chavismo-madurismo ha venido trabajando
la crueldad a partir de un discurso de división social entre ricos y pobres, el
presente como desquite de un pasado cruel de la llamada “cuarta república” y la
dicotomía oposición reaccionaria-gobierno revolucionario. Chávez abrió el
camino y fue Maduro quien lo tiño de sangre, cárcel y una violencia sin control
hasta los extremos. La crueldad se hizo
política de Estado sembrando el terrorismo para apaciguar las ansias de
libertad. Tuvo que apelar a
desconocer la propia Constitución Nacional, transformar el ejército en una
guardia pretoriana y los servicios policiales de la seguridad pública al
servicio de la alta jerarquía política, además de ampliar las cárceles para
meter a una población que lo había respaldado desde el triunfo electoral de
Hugo Chávez Frías en 1999. Así que
vinieron las desapariciones forzosas, las familias rotas, las torturas, la huida del país en
masa, el crimen en las cárceles. Ahora
le tocaba a la cárcel a los pobres por haberse revelado contra el dictador.
Las organizaciones de Derechos Humanos clamaban por saber de
las personas detenidas, adultos mayores, adolescentes, soldados presos y las
madres llorando sin saber nada de su deudo. Todos eran sospechosos de estar en contra del Presidente y de su rabia
por haber perdido las elecciones el 24 de julio de 2024. Desde un mensaje,
un registro de teléfono en una alcabala móvil, salir a la calle los días pos-electorales, haber
mostrado simpatía por Edmundo González Urrutia y María Corina Machado, haber
ser testigo de la oposición democrática. Se desató una verdadera locura de
represión y control con los colectivos obedientes a las órdenes de Diosdado
Cabello y demás aparatos policiales. Sin olvidar toda la estructura de justicia
corrupta y traidora de los principios elementales del derecho y la justicia,
contemplados en la Constitución. Un
gobierno de facto fue lo que vivió Venezuela hasta la madrugada del 3 de enero
de 2026.
El escritor y periodista venezolano Alberto Barrera Tizka hace una reflexión a modo de pregunta sobre
esta crueldad y la sociedad venezolana. ¿Cómo fuimos capaces de llegar a esto de
tanta crueldad? ; ¿En qué momento nos
convertimos en torturadores, es que
éramos así y no lo sabíamos? Nótese que el escritor no separa la
llamada “cultura de la crueldad” de
la sociedad. Yo comparto este punto de
vista a partir de un país violento por antonomasia que no cura sus heridas sino
que las cubre y al tiempo aparece de nuevo la herida. Chávez llegó al poder con
un discurso de odio, venganza y
resentimiento social y en 26 años entre Hugo Chávez y Nicolás Maduro, hurgaron
aún más en esas heridas construyendo todo un sistema
económico-político-administrativo-judicial basado en la destrucción de lo que existía, en
la sumisión incondicional del ciudadano y sobre todo en la represión social.
Agrega el escritor, que hay líderes que destapan una irracionalidad con el
desprecio del otro, lo desdeña, entonces ya puedes matarlo. Lo que asombra es como una sociedad se
desliza hacía eso, hacia esa práctica y el problema después ¿Cómo recogerlo?
En el caso Venezolano, gracias a tres elementos esenciales, la primera a ese musculo democrático que
hace resistencia y lo mejor fue su expresión del 28 de julio de 2024 y su
salida a la calle enardecida ante el fraude electoral. En segundo lugar la vehemencia, perseverancia y el tino de una dirigencia política unitaria
democrática, representada en la llave EGU-MCM. Y tercero ese 3 de enero de 2026 que devolvió la esperanza y revivió los ánimos aunque ya
no estaba el dictador, la dictadura continuaba, pero contra la pared y como
dice la Dra. Blanca Rosa Mármol de León,
con una capitulación y un tutelaje
encima. Falta mucho por hacer para curar del todo las heridas, pero es una
tarea histórica.
En relación al cinismo, es la sustitución de la verdad por la mentira ex profesa, es decir
deliberada, para convencer al otro o a una multitud de su punto de vista. Una persona cínica termina convenciéndose
de su “verdad” sin importarle el daño que hace
a los demás. Es una conducta patológica, que en política hace mucho daño, que puede
ser irreversible, trasgrede leyes, costumbres y termina imponiéndose por la
fuerza cuando la palabra ya no convence. Se
dice que el chavismo-madurismo terminó convirtiéndose en un coctel de maldad,
cinismo y crueldad incalculable, cuya fuente primaria lo obtuvo de nuestra
historia política, pero aún más de la escuela rusa-cubana que adquirió
fisonomía propia con la manipulación, el chantaje, la sumisión, el control
social y el uso de los pobres. Y la represión y el crimen político. Ahora
pasemos a los casos más emblemáticos de
nuestros presos políticos, que jamás pensaron que por su manera de pensar iban
a terminar como “privados de la libertad” según el régimen, expresión
edulcorante para tapar la crueldad de las cárceles.
RAMON CENTENO.
Periodista. 39 años de edad.
Periodista venezolano
que pasó en prisión 3 años, 11 meses y 13 días. Excarcelado el pasado 14 enero de
2026. Nos cuenta su historia: Soy un
ciudadano común que llevaba una vida
normal de periodista de oficio, de buen hijo, lector, hasta el día 27 de enero
de 2022, que injustamente me meten preso
desconociendo los motivos, aunque en la cárcel recuperé el hábito lector. A mí
me dicen “bolígrafo” porque desde
niño encontré en la escritura una forma de vida, me parecía fascinante
registrar mi vida y las de los otros, de
hecho fue la palabra escrita lo que le permitió reflexionar y darse cuenta de
su sentido de justicia y servicio. Yo trabajaba para el Diario Ultimas Noticias y por hacer una entrevista a los entonces diputados Jean Carlos Silva y Taina
González, detenidos en el Comando Nacional Antidrogas de Las Acacias por un
caso de narcotráfico. Lo hice porque los conocía de antes y sobre todo porque era un periodista cercano al oficialismo. Cada
pregunta y cada respuesta fue grabada por una cámara y al lado estaba un
comandante que nuca se separó de ellos, por tanto yo me sentí seguro,
tranquilo, estaba haciendo mi trabajo y nada más. Pasaron unos cuantos días y el 2 de febrero de 2022 el Equipo Móvil
de Inteligencia de la Guardia Nacional llegó a mí casa y me llevó detenido
conjuntamente con él fotógrafo Gabriel Zambrano, que me había acompañado en la
entrevista. Como él que no la debe no la
teme, los acompañamos a la sede policial. Durante el interrogatorio le
dijeron que a través de Instagram habían recibido una denuncia anónima según el
cual yo estaba vinculado a un caso de narcotráfico conocido como “Mano de hierro”. Los funcionarios le
hablaron de la entrevista que ni siquiera estaba publicada aún. Tanto yo como
Gabriel no entendíamos nada. Del interrogatorio pasaron a un allanamiento en mi
casa, revisaron todo y se llevaron libros sobre periodismo, libretas con
apuntes y la computadora donde estaba la entrevista. Sin explicaciones pasamos por una desaparición forzada durante cinco
días hasta el 7 de febrero de 2022, cuando nos presentaron ante un juez y nos
imputaron cargos de tráfico de influencia, usurpación de funciones y asociación
para delinquir.
Definitivamente esto
ha sido una bufonada de la forma en que a un periodista, el primer periodista en Venezuela que es llevado a la cárcel, que es llevado a un tribunal por hacer un
trabajo periodístico, se llama Ramón Centeno. En estos cuatro años no pude
participar en nada de la historia contemporánea de Venezuela porque simplemente
me invisibilizaron, porque me negaron mis derechos políticos.
Hay algo importarte que debo decirte. Yo pague caro el precio
de informar, como periodista que soy. Te cuento que el 2 de febrero, me dicen:
“Yo estoy revisando aquí tu teléfono, yo
sé que eres periodista, yo sé que viniste a hacer una entrevista, pero no está
permitida”. Entonces yo le digo -pero ¿Qué casos están permitidos y que casos
no?, la comunicación, la información no se trata de eso. O es que acaso
ustedes pertenecen a una industria aquí y tienen una mesa editorial y deciden
lo que va y lo no va. Aquí yo vine a hacer una entrevista a un señalado por
presunto narcotráfico y allí hubo un careo entre el general que ya no está en
Venezuela. Al final de la conversación me dijo textualmente: “Yo sé que tú eres inocente, no tengo una
orden de aprensión judicial, pero te trajimos porque pensábamos que podías
denunciarnos a nosotros como un ente investigador”. Y yo les dije: -
lamentablemente ustedes no tuvieron rigor investigativo, rigor investigativo
que si tuve yo y por eso ustedes creen que yo puedo salir a decirle esto al
mundo. Entonces me dijo: “Sí, esa es la situación que le vas a decir
al mundo que te estuvimos secuestrado, pero tranquilo que tú vas a salir en la
audiencia preliminar”. Bueno,
esa audiencia preliminar se convirtió en cuatro largos y tortuosos años,
dificilísimos, que me separaron de mis afectos, que me separaron del amor más grande que tengo y que ya hoy la
providencia se la llevó. Entonces
ese es el precio que pagué por querer
informar, por hacer una investigación periodística, que por cierto yo fui a
hacer una entrevista en muletas, porque estaba en proceso de rehabilitación por
un accidente vial donde sufrí graves lesiones y tuvieron que reconstruirme la
cadera y el fémur y someterme a sesiones de fisioterapia. Todo eso lo perdí porque nunca
se tomó en cuenta mi situación y se me infecto las lesiones y terminé en la cárcel en silla de rueda.
Gracias a mi madre, en sus reclamos públicos, entre abril de 2023 y septiembre
de 2024 me hospitalizaron en el Hospital Domingo Luciani, descubriendo que
tenía diferentes afecciones. Incluso mi mamá reclamó el amparo de una medida
humanitaria ante el Tribunal 11 de Juicio del Área Metropolitana de Caracas que
consistía en la atención en mi domicilio y fue rechazada.
Otro detalle que no puedo dejar pasar fue que en el 2022,
desde un televisor encendido en el Comando Antidrogas de la Guardia Nacional, a
pocos metros de El Helicoide, escuche al
Fiscal Tarek Williams Saab informado que Ramón Centeno estaba implicado en la “operación
Mano de Hierro”, junto a
diputados, alcaldes y funcionarios del chavismo, un operativo presentado como
una ofensiva contra mafias de drogas, contrabando y especulación. Eso terminó de hundirme siendo inocente de
esa patraña inventada.
Yo salgo sin odios frente a tanta maldad que vi y que sufrí en carne propia,
pido que nos reconciliemos como sociedad sin olvido, un perdón sin olvido, que
vaya cónsona y proporcional a todo lo que vivimos. Porque hay algunos
compañeros que dicen: “Bueno tienen que
repararnos”. Yo digo, si tiene que repararnos, pero, ¿y mi mamá? , por ejemplo,
¿cómo se repara eso? Eso no se
repara nunca. Uno más bien lo restaura en el alma, poco a poco, y hay gente que
ni siquiera logra repararse de una perdida como la mía. Pero en definitiva,
esto, estas heridas tan fuertes, es de
un país entero desde Los Andes hasta el Llano venezolano.
A veces, postrado en el
hospital, yo decía, bueno, pero como es esto que en pleno siglo XXI todavía
tengamos inocentes encarcelados, a periodistas encarcelados, a abogados
encarcelados, en fin, por opinar, por disentir. Leí mucha historia universal, sobre
cómo se conciben las dictaduras en el mundo, para yo explicarle al mundo,
explicarle a las generaciones que vienen, que fue lo que sufrimos nosotros en
pleno siglo XXI. Hay que ser bien pedagógico para que entiendan lo del 28 de
julio de 2024 y lo del 3 de enero de 2026 y tantas parteaguas que hemos tenido
en Venezuela. Quiero anunciar que estoy
haciendo un libro, que gran parte lo escribí en la cárcel, pero no quiero
adelantarme. Yo me pregunto, con insistencia ¿en qué momento nosotros dejamos que nos pasara esto?
Miren, yo le pedí al juez de control, porque a mí me dio una
primera parálisis facial frente al juez de control y yo en silla de ruedas porque dos días después
que yo llego en muleta a la cárcel me atropellan y me tumban y la cadera fue la
que más sufrió. Y yo le decía, Usted está viendo la forma en que yo estoy. Y de
ahí vino un rosario de peticiones y me pregunto yo, ¿Y cómo era posible que la
respuesta del sistema hacía mí era que no me podían dan una medida cautelar
para mi casa porque yo era una persona de alta peligrosidad y me podía escapar?
No puedo caminar, casi ni podía hablar, mi mamá pidió 14 veces por una
medida humanitaria y fue hace algunos meses atrás que me la concedieron para
el Hospital Domingo Luciani. Recuerdo que mi mamá iba todos los días y
hasta se hizo amiga de los custodios y les llevaba comida también.
Fui militante del PSUV
desde los 14 años, crecí al lado de muchos compañeros que creíamos en esos
ideales de justicia e igualdad que se pregonaba, fui amigo de Robert Serra, y no me arrepiento, pero no me pregunten si voy a
volver, solo mírame como he quedado. Fueron mis colegas quienes me ayudaron a
conseguir la libertad, al principio me costó porque yo era chavista, después
aparecieron los activistas y algunos políticos, pero nunca políticos ni amigos del PSUV. Ellos nunca aparecieron. Tampoco les recrimino, pero me
pregunto: ¿Qué voy a hacer cuando me
vengan a abrazar? Pasé mucho tiempo
en soledad sin hablar con nadie, leyendo
al menos. Recuerdo una campana que me ataron a la silla de ruedas para avisar
si podía ir al baño. A veces tocaba y
tocaba y el guardia llegaba cuando le daba la gana.
Hay personas que me recriminan por salir perdonando, pero no
es tanto así, tiene que venir un proceso de justicia. El daño que me causaron es irreversible por lo que creo en el perdón con justicia y memoria. Yo
te puedo abrazar, pero quiero que recuerdes que me hiciste esto. Desde que
salí, tras la primera cita de los tribunales mi mamá Omaira Navas, murió ´por un accidente cardiovascular. No he
podido asimilar nada, tuve que enterrar a mi amada madre que fue la gran luchadora por mi libertad y por
mantenerme siempre la moral en alto. Ella hizo el primer milagro, que me
olvidara los cuatro años que estuve preso y solo tengo recuerdo para ella y
todo el amor que me dio. Es mi heroína.
JESUS MEDINA. Reportero
gráfico.
Soy de una barriada muy
popular en Venezuela que es Petare. Allí crecí, pase mucha pobreza, fui un niño de la calle,
estudie en un liceo militar y entre a estudiar comunicación social. Recuerdo
que aprendí a tomar fotografías y como me gustaba hacer reportajes de calle, el
dueño de un medio de comunicación me dijo: “Mira necesitamos a alguien con el
perfil tuyo en la calle porque los periodistas no quieren cubrir los temas
políticos, tenían miedo a la represión y que le robaran los equipos”. Entonces
sin miedo yo asumía esos trabajos reporteriles teniendo que enfrentar grupos
parapoliciales o lo que se conoce como colectivos. Yo entendía que para el gobierno y para la policía y sus cuerpos de
seguridad, siempre ha sido un objetivo impedir que la prensa cumpla con su
trabajo y mucho más las imágenes de las manifestaciones y la represión. De
tal manera que esos nos llevó a ser
objetivo de secuestro político. Mira, yo estuve 11 veces preso y siempre me han
inventado muchísimas cosas en las redes sociales para empañar la verdad.
Recuerdo que la primera vez fue cuando el referendo
revocatorio del presidente Hugo Chávez y me agarra la DISIP, que hoy es el
SEBIN, y nos sembraron unas cédulas de identidad diciendo que nosotros nos
estábamos prestando para un fraude, nos mandan para un retén policial que tiene en Plaza Venezuela y de allí
demostramos nuestra condición de periodistas y producto de la denuncia pública
pudimos salir en libertad. Y esto era
constante, me ponían preso y me soltaban, hasta que la última vez cubriendo un
reportaje con dos periodistas peruanos en la UCV, esperaron que saliera y en
unas de las estaciones del metro me reconocieron y nos detuvieron, llamándome a
mí por mi nombre. Al final sueltan a los peruanos y me llevan a la cárcel militar de Ramoverde. Eso fue
en la época de las grandes manifestaciones de 2017/2018. Me ponen cinco delitos, instigación al odio, que es una ley nueva que hicieron para poder
meter preso a los comunicadores sociales. Además de daño al patrimonio público
de la nación, cuando yo nunca he sido
funcionario público. Me pusieron
asociación para delinquir y cuando revisan mi cuenta bancaria no tenía
ni siquiera 150 dólares, al final era
una excusa para meterme preso.
La otra cosa que recuerdo es que me acusan que el Banco
Mundial me está financiando, me preguntaban ¿para qué político trabajaba? Y yo
le respondía, para los medios de comunicación. También recuerdo que me pasan a
juicio y allí mismo le digo al juez que estaba recibiendo una llamada: “Usted está atendiendo una llamada para
recibir instrucciones y eso es ilegal, tú no puedes recibir llamada mientras estamos en audiencia”. Sin ninguna
explicación me pasan a un tigrito en
Ramoverde, en un anexo donde
estuvieron dirigentes políticos como Leopoldo
López y Antonio Ledesma. Allí pase
dos años de mi vida que representaron una eternidad, me cambiaban de celda, me
hostigaban, soporte los malos olores de letrinas, sufrí el hambre pareja, nos
alimentaba con una arepa y agua de frijoles, yo perdí hasta la cabellera.
Gracias a Dios me hice amigo de unos custodios y escribí cartas para hacerlas
llegar afuera sobre mi situación y las
calamidades que estábamos sufriendo los presos. Logré pasar unas cámaras espías al penal donde pude grabar muchísimas
cosas de lo que allí pasaba, donde se escuchan los gritos de algunos presos.
Hubo una epidemia dentro de muchos prisioneros y descubrimos
que el agua estaba contaminada porque al lavar nosotros mismos el tanque de agua, sacamos ratas y sapos.
Llegó la Cruz Roja y nos dio unas pastillas purificantes de agua, con eso se
pudo medio solventar. Y el hacinamiento
ni se diga, 56 personas en un espacio de 10 metros, dime tú, quien se puede recrear así. Cuando yo salgo en libertad tengo problemas
para caminar porque allí uno se le olvida hasta caminar, problemas de la vista
por tanta oscuridad y sombras, de no reconocer a familiares y amigos.
Cuando uno se enfermaba nos asustábamos todos por el hacinamiento. Además la suciedad producía
muchos ácaros que nos rascábamos, muchas veces hasta sangrar. Los roedores convivían con nosotros y poco
dormíamos para que no nos hicieran daños de mordeduras infecciosas.
La convivencia en la celda es otro problema, no es como se ve
en las redes sociales, aquí sale a relucir el individuo, por cualquier cosa se
pelea, porque me estas mirando mal, porque tomaste más agua de la cuenta,
porque este vaso es mío y tú no me lo tocas, porque se perdió algo entre
nosotros y nadie asume la responsabilidad, etc. La convivencia carcelaria no es fácil y menos cuando no nos conocemos.
Cuando se presentaba alguna discusión y hasta un conflicto de peleas, todos
actuábamos para apaciguar porque de llegar la guardia, entonces la pagábamos
todos con requisa, atropello y tirarnos al piso boca abajo.
Otra cosa importante es
que un preso sin recursos, sin vistas permanentes, aburrido allí y sin
esperanzas llega un momento que piensa que nunca va a salir de la prisión y
decide suicidarse.
Allí presenciamos varios casos, hasta yo mismo lo iba a hacer en dos
oportunidades. La gente piensa que uno
es fuerte pero es que no es fácil. Tenía una hojilla y le dije al Director:
“toma
tengo esta hojilla y diez más y si no me trasladan me asesino yo mismo”.
La otra oportunidad fue hice unas trenzas con una sábana y los compañeros
habían bajado al patio, entonces uno se dio cuenta y alertó a los demás
impidiendo el hecho. Ya estaba cansado, yo
sentía que al final a la sociedad no le importaba los que estábamos presos, que
estábamos allí por luchar por el país,
por causas injustas. Además los compañeros de la prensa nos habían
abandonados, los amigos, la familia. Uno sentía que a los presos políticos los
abandonan todos, solo cuando van a salir hacen bulla. Quien me dio la fuerza fue la pareja con que yo estaba.
Las secuelas que me quedaron tienen que ver recuperar la
confianza en el otro. A veces en la noche me levanto paranoico. Les tengo pavor
a los perros que no me secuestraron. Me ponían perros para que me ladrara y
decían que me iba a morder. Yo con los perros de lejos ahorita. Yo creo que la secuela más importante que me quedó fue desconfiar de todo
porque los mismos compañeros de la prensa me vendieron, compañeros que hoy son
famosos por el simple hecho de salvar su pellejo para que no le hagan nada.
Yo no permito ni paso la traición.
Eso es un código de honor para mí. Yo salí y me tatué aquí en los hombros las
palabras HONOR Y LEALTAD, porque eso
me enseño la cárcel.
Mi salida del penal no fue fácil, llegan los custodios y me
dicen que me va a trasladar, entonces llegó a uno de los presos del ELN (Ejército de Liberación Nacional) y
les dijo de manera amenazante: “si
ustedes lo trasladan, les volteo el penal. A él no lo van a sacar de aquí”.
En ese momento llega el Director del penal y me dice: “Mira no te lo puedo mostrar, pero es una orden del Ministro de la Defensa
Vladimir Padrino López, donde manda que te alistaran porque vas en libertad”. Yo agarre
mis cosas y después que me llevaron a tribunales y me trajeron nuevamente a la
celda, me despedí de los compañeros y estaba muy asustado porque la cárcel
militar es una montaña y abajo un terraplén solo de puro bosque, todo estaba
oscuro. Gracias a Dios estaban unos compañeros de la prensa que se habían
enterado de mi liberación y así pude llegar hasta la capital, hasta Caracas.
Por cierto que me llamó la atención un mural en Caracas donde estaba la imagen de Neomar Lander, que es un
joven que murió asesinado en las protestas, del otro estaba lado estaba se encontraba el funcionario Oscar Pérez, que tuvo
los miembros bien puestos en alzarse contra un estado dictatorial y en el medio estaba yo.
Lamentablemente el único que queda vivo soy yo. Ese mural lo mandó a borrar el gobierno porque es un emblema que los
acusa.
Yo salí de la cárcel
sin pasaporte, ni cédula de identidad, sin poder salir del área metropolitana,
no tenía ni siquiera cuenta bancaria. Y lo digo públicamente, aquí estoy con el
pueblo. Me escondo,
estoy en la clandestinidad y después de
las elecciones decidí salir de Venezuela porque me estaban persiguiendo. Dure 5
días saliendo del país y me agarra la PNB, me pone el teléfono en la cara, hace
el reconocimiento facial en Google y me detienen y como yo tenía más de
doscientos dólares producto de la venta de mis pertenencias les ofrezco la
mayor parte y después de dos horas y pico salí normal en un autobús y salí en
moto por el puente Simón Bolívar a Cúcuta.
JUAN CARLOS OCHOA.
En realidad, como
venezolano comprendí las diferencias entre vivir en democracia y dictadura, por
eso yo empiezo en las protestas de 2014, que fueron muy duras, me dolió muchísimo ver hermanos de
lucha que perdieron la vida, que fueron presos injustamente. Luego en 2017 y en 2019 cuando Juan Guaido
se juramenta como presidente interino y fui elegido entre mis compañeros para
subir a la tarima el 23 de enero de 2019 porque yo sentía que estábamos a
punto de un cambio importante y así lo
dije. Eso fue en un sitio céntrico de
Maracaibo. Recuerdo que a los días un amigo que trabaja para los cuerpos de
seguridad en el Zulia me dijo: “Escóndete un poco. Tus fotos están en las
carteleras, trata de no brillar en
ningún lado porque donde te vean en una nueva manifestación te van a detener.”
Llegó la época de la pandemia y con mi moto me puse a trabajar en delivery por
la alta demanda y en una de esas me interceptan tres hombres armados y me enseñan mi fotografía en
su celular y me preguntan ¿Este eres tú?
Yo ya sabía que me iban a detener, por lo que consideré que era inútil que
opusiera resistencia. Los primeros cuatro días fueron terribles en la sede
de Inteligencia de Investigaciones Penales. Me quitaron la caja de cigarrillos
y me ofrecen uno a la que yo acepto. Después de media hora me prepararan para
un interrogatorio y me dicen ¿quieres otro cigarro? Y yo les digo que sí. Y él
me dice: “Bueno yo te voy a dar otro, pero ¿cuándo tú me digas lo que yo quiero saber?” Yo le
pregunto, ¿qué es lo que quieres saber? ¿Dónde están las armas? Y yo les
digo que no sabía de lo que me estaban hablando, que no sabía nada de armas.
Entonces ellos me dicen, “Sí, nosotros sabemos que tu conversas cosas
con unas armas”. Y mi respuesta fue, Bueno, pero ustedes no son
inteligencia, ahí está mi teléfono, yo no tengo nada que decirles. Y en ese
momento me dicen, “Pásalo al cuartico”. Y ahí es donde comienzan las peores horas
de mi vida. Fui golpeado brutalmente,
fui asfixiado con gasoil, con baigón. Cuando se les acabo el baigón le echaban
gasoil o diésel con una brocha para ponérmela en la cara. Eso mojado se te pega
en la cara y no hay forma que puedas respirar. Yo me desmaye unas 5 o 6 veces y ya cuando vuelvo en sí comienza el
abuso sexual de su parte. Todavía me cuesta decirlo, pero es la manera de
decirlo para sanarlo. Eso lo hacen para humillarte, para destruir tu vida. Fíjate que te queda una marca de por vida. Yo en este
momento todavía a dos años y algo de haber salido no soy un hombre 100%
funcional, todavía estoy en el proceso psíquico de reparar todo ese daño.
Queda uno con mucha inseguridad en lo que hace.
Después vinieron las descargas eléctricas y más golpes. Me llevan casi inconsciente al Hospital General del Sur de
Maracaibo y la Doctora pregunta si me habían atropellado, porque yo llegué
hecho pipi, hecho pupú, con la cara hinchada y ya estaba escupiendo sangre, ya
había vomitado. Fueron los días más terribles de todo lo que fue el proceso de
desaparición.
El 12 de abril de 2020 me trasladan a Caracas, a la sede de
la Contrainteligencia del FAES en la
quebradita. Allí estuve confinado en un espacio muy cerrado con otros cinco
presos políticos. Recuerdo que un muchacho que fue funcionario del SEBIN, que estaba detenido allí, me
preguntaba “Por qué lloras tanto
maracucho? Yo no le respondía lo que sentía en el fondo de mí. Acababan de
destruirme la vida, acababan de romper todo lo que había de valor en mí,
la hombría, ser humillado todo ese tipo de cosas. Y bueno, ahí fueron seis meses de secuestro y además la incertidumbre, o
sea, sin saber seis meses de secuestro y
aislamiento. Mi familia no sabía nada de mí, no sabía dónde yo estaba hasta
octubre me llevan a un sitio de detención en donde si había comunicación. De
allí me trasladan a la cárcel de ZONA 7
en Boleita donde paso a unas celdas
de preso común, distinto a las áreas donde están los presos políticos que están
más acondicionadas para cuidarlos un poquito más. Pero el que no, que fue
miembro de la RESISTENCIA, el
manifestante, cae en ese mundo, es decir preso común. Yo conocí la violencia
real, todo se resuelve con violencia, consumo de drogas. Yo consumí drogas estando ese tiempo allí, tratando de aislarme, de no
despertar, de siempre estar aletargado como en el tiempo, como de no pensar. Presencie un motín terrible,
iban a meterse a hacer una masacre por el sitio donde estaba ubicado y para la
gloria de Dios se pudo negociar, se pudo llegar a un acuerdo.
Yo salgo en libertad
condicionada el 20 de diciembre de 2023. Tuvo que ver las
negociaciones que hubo a finales de 2023 con los Estados Unidos y el gobierno
venezolano. Ellos le entregaron a Maduro a Alex
Saab, a cambio de 23 presos políticos. Fuimos unas meras fichas de
canje. Lo lamentable es que la oposición se sienta a conversar con el gobierno
para favorecer sus intereses personales sin importar las víctimas, sin importar
los muertos y en el país todo sigue igual. Entrégame
algo y yo te suelto tantos presos políticos Ahora las cosas están
cambiando, aunque los están excarcelando con condicionamiento y a cuentagotas. Hay una orden de los Estados Unidos de
liberar a todos los presos políticos y eso no está pasando.
La otra cosa que el
mundo sepa, es como se vive en una cárcel de estas tan horribles, que contratan
con la modernidad.
No había poceta, solo un pequeño urinario muy cerca de la ducha, pero las
necesidades si hacían en bolsa plástica, se le hacían un nudito y por un
huequito se lanzaba hacia afuera. Las condiciones de salud eran deplorable,
ese olor a heces y a orina era permanente, las moscas, eran un caldo de cultivo para los
abscesos. Había muchos presos con cinco,
seis abscesos al mismo tiempo, por el
calor, la humedad y las malas condiciones de higiene.
Para finalizar quiero decir que Nosotros como venezolanos
somos muy inteligentes, muy entregados a la vida. Si al venezolano nos dicen: los vamos a dejar sin recursos pero vamos
acabar con ese régimen. Todos diríamos que no importa, porque lo que queremos
es que cese 25 años de represión, 25 años de persecución, 25 años de
desaparición, 25 años de miedo. Sabemos que el precio de la libertad es muy
alto. Si la libertad vale todo el
petróleo que tenemos, hay que cederlo, estoy satisfecho. Y eso que no hemos
hablado de los cientos de fallecidos, familias sufriendo porque a sus seres queridos se los mataron, y eso está más
que comprobado. Perdidas de jóvenes que les truncaron su futuro.
Por los momentos estar libre de Maduro da un alivio, llena un
poco de esperanza, pero para lo que hemos vivido la magnitud de las garras de
la dictadura y hemos vivido lo peor, sin embargo no minimiza ni repara los
daños ocasionados, porque el hecho de
que Nicolás Maduro este preso no significo que la dictadura se haya acabado.
JORGE YÉSPICA DÁVILA.
Doctor, ginecólogo. 66 años de edad.
Originario de
Valladolid, España, pero residenciado desde hace décadas en Venezuela. Es muy
conocido en el Estado Aragua por su labor en ginecología, obstetricia y
ecografía. Nos
cuenta su historia de cómo por ejercer sus derechos constitucionales terminó encarcelado
durante 14 meses en la cárcel de Tocorón: Fui
detenido el 1 de noviembre de 2024 cuando
salía de una cirugía en un hospital local, y sin orden de detención, solo se me
dijo que por denuncias contra mí. Todo por ejercer
mis derechos políticos y publicar en la red social TikTok que Nicolás
Maduro estaba usurpando el cargo de presidente porque cometió un fraude al
alterar los resultados de las votaciones y atribuirse un triunfo que le
pertenecía a Edmundo González Urrutia, violando la soberanía popular, igual
abogue por la liberación de los presos políticos de Tocorón. Además que
participé en una marcha en defensa de los derechos de
los menores detenidos, todos inocentes de los cargos que se les acusaban y los
sufrimientos que padecían en esos tenebrosos lugares. Lo hice y lo volvería
a hacer porque aparte de médico, los principios de solidaridad con el prójimo
son esenciales en mi carrera profesional.
Los médicos también pensamos y nos duele lo que le suceda a nuestros
semejantes y más en las condiciones de indefensión a que están sometidos.
La Fiscalía me imputó
por incitación al odio y un juez de un Tribunal de Aragua ordenó mi reclusión en el Centro Penitenciario de
Aragua, conocido como Tocorón. Fueron 14 meses infames, donde sufrí un progresivo
deterioro en mi salud, aislamiento y
torturas que dejaron hematoma en mi cuerpo. Nunca se me permitió la comunicación con mi madre Carmen Dávila, sin
considerar que eso le afectaba sus condiciones de salud por la edad avanzada de 91 años. Lo más que
me duele en el alma es que a tan solo horas de mi libertad, mi madre se haya
ido para siempre sin un abrazo de su adorado hijo. Mi madre fue hospitalizada
de emergencia por un cuadro crítico de hipertensión arterial. Mi madre nunca
dejo de luchar y pedir de todo corazón por mi libertad. Y lo hacía públicamente,
sin miedo.
Fueron 14 meses de reclusión en condiciones infrahumanas que
no se las deseo a nadie.
ANGEL GODOY. Foto
reportero y miembro
del MDI
“Mucho antes de las
elecciones presidenciales de 2024 he venido participando en el Movimiento
Democracia e Inclusión, cuyas demandas
ciudadanas son de orden legitimas. Últimamente veníamos trabajando en luchas colectivas, el
tema electoral y la auditoria electoral. En virtud que el pasado 28 de julio de
2024 nos quitaron las elecciones desconociendo la voluntad de la gente y
desatando una violencia contra el reclamo de la población, entonces decidimos
pasar a una nueva fase de organizar las luchas colectivas en forma pacífica
para generar cambios y transformaciones, pero siempre de la mano de la ley. Lo último que hicimos fue organizar con
otros sectores políticos y populares una protesta de cara al 10 de enero de
2025 para mostrar la inconformidad colectiva al fraude y el respeto a los
verdaderos resultados electorales.
El 8 de enero de 2025 yo estaba justo frente a mi casa y
llegan unos sujetos encapuchados y me dicen –“Buenos días Ingeniero Ángel
Godoy, te venimos a detener porque estas alborotando la calle”. En ese
momento mire alrededor y vi a muchos amigos que estaban muy cerca y pensé, si
opongo resistencia podía ocurrir cualquier cosa y detener a mis compañeros, a
mis amigos de toda la vida. Entonces decidí no oponer resistencia y les dije:
-“Miren hagan su trabajo que yo voy a
seguir haciendo el mío”. En ese momento iba pasando un ahijado y le dije:
-“Dile a tu madrina que me está
deteniendo el SEBIN” Luego le dije a los amigos que ya estaba de regreso. Todo esto fue sin presentar una orden de
aprensión. Primero le llevan a una oficinas en La Macarena, en Los Teques,
allí me reseñan y después a una sede del SEBIN
de Maiquetía, en La Guaira. Allí pasé 20
días prácticamente secuestrado sin ver a mi familia y lo peor sin ellos saber
dónde me tenían preso. De allí me sacan encapuchado a un lugar que nunca
llegué a saber dónde estaba porque unos les preguntaba y ellos decían que no lo
podía saber por cuestiones de seguridad.
Total que pase casi tres días hasta que me trasladan para El Helicoide sin saber las razones y cargos de mi traslado a esa horrible prisión
que en la calle tiene mala fama. Entonces
comienzan a interrogarme y me entregan el acta policial para que firme, de la
cual recuerdo que se las devolví nueve veces porque colocaban cuestiones que no
se correspondían con la realidad. Entonces firmé las seis hojitas y me encierran en una celda preventiva. A
los días me hacen una presentación de imputación vía telemática, es decir vía teléfono celular y me imputan de
terrorismo e incitación al odio. Yo asombrado por ese vil patraña, el juez me dice, -“¿Usted tiene algo que decir?”
Entonces yo le respondo: -“Por supuesto
que tengo mucho que decir, ustedes están violando el debido proceso en el
artículo 49 en todos literales y esto lo voy a plantear con el abogado defensor
que ustedes me colocaron porque ni siquiera tengo derecho a nombrarlo por mi cuenta”. En El Helicoide pasé 9 meses, allí conocí
muchos presos, los de la causa de GEDEON,
muy atentos y cordiales en todo momento. Yo pensaba que no podía deprimirme ni
pensar que mañana iba a salir porque es peor, mejor es tener buen ánimo y
darnos aliento entre nosotros mismos.
De allí me trasladan a la cárcel de Yare ,
recuerdo que fue el 14 de octubre de 2025. Recuerdo que ese día tuve la oportunidad de hacerle
una llamada a mi esposa y fue muy breve, pero uno se contenta escuchar una voz familiar
y de que todo esté bien aparentemente. Allí
me metieron en un tigrito, es prácticamente una celda de castigo cuyas
dimensiones son de 3 X 2 en donde solo cuentas con una letrina nauseabunda que
hasta gusano tenía, carecía hasta de lavamanos. La comida es horrible que
yo prefería no comerla, muchas, veces
para no enfermarme. Y no quiero hablar que fui torturado para no comprometer el
expediente en curso y el régimen que se me impuso.
Por último debo decirte
que me dolió mucho el ensañamiento contra mi esposa, que después de tener 21
años de servicios en la CANTV, que es una empresa estatal, sin más ni
más, la votaron y le dijeron que ya no tenía compromisos con la empresa sin
darle razones legales de su despido ilegal y arbitrario. Las reparaciones deben estar en una Ley de Amnistía porque no
solamente metiste preso injustamente a Ángel Godoy, sino que afectaste la vida
de su hogar. Finalmente quiero agregar que para que esa ley de amnistía sea una verdadera Ley de Amnistía primero no debe
contemplar excepciones, sino favorecer a todos los presos políticos civiles
y militares, y segundo no puede
considerarse una ley del perdón porque más bien son ellos quienes incurrieron
en violación de nuestros derechos contemplados en la carta Magna.
Esta es una mínima muestra de las tantas infamias cometidas,
y que se siguen cometiendo, contra seres humanos indefensos, todos inocentes de
lo que se les imputa y que se identifican como “presos políticos”, del cual el
régimen los reconoce como “privados de libertad”. Lo curioso de esto es que
cuando se luchaban contra la democracia representativa desde la década de los
años sesenta, los de tendencia de izquierda, que son los que gobiernan, los
calificaban de presos políticos. Estas declaraciones escuchadas de viva voz de
los protagonistas duele y quizás la única alegría es que pueden vivir para
contarlos, otros quedaron asesinados en las torturas, las enfermedades
contraídas en la cárcel y en la
desesperanza, la tristeza, la amargura
de no ver el sol.
Para esos ciudadanos víctimas
que recuperan su libertad hay un antes
y un después, ya no se es el mismo. Unos quedan atemorizados hasta de
hablar, de contar lo que paso y de salir a la calle. Otros se recuperan y en
poco tiempo se llenan de alegría y templanza. Lo cierto del caso es que es una huella imborrable de lo que nunca
debió pasar. Será la democracia, todavía sin llegar, la que permita la alegría y
el respiro oxigenante de la libertad.