LA FLOR QUE YO CONOCI.
En memoria de Flor Cabrera
Pinto.
“Es de noche: medito triste y
solo / a la luz de una vela titilante / y pienso en la alegría y en el dolo, /
en la vejez cansada / y en la juventud gallarda y arrogante”. / Tomado de
Pablo Neruda. Antología General. Poema Nocturno. Pág. 5. (escrito en 1918)
“Hijo, Feliz Cumpleaños. Que este
camino se llene cada día más de éxitos y frutos. Esta lectura te lleve a
disfrutar grandes conocimientos de enriquecimiento espiritual y personal.
Recuerda que los límites son los que nosotros mismos nos colocamos. Dios te
bendiga ahijado y sobrino. Tu Tía Flor. 12-09-10.” (texto escrito por mi
hermana Flor Cabrera en un regalo de cumpleaños para la fecha allí señalada a
mi hijo Gustavo Ibrahim).
"Quiero agradecerle, tía, por todas las enseñanzas, por cada sonrisa compartida, por cada momento inolvidable que nos brindó, que siempre estuvo caracterizado por esa cálida sonrisa, el consejo a tiempo y su tierna forma de expresarnos su amor. Eso es lo que me llevo conmigo para toda la vida". Gustavo Ibrahim Cabrera Melo. (Buenos Aires. 6. 09. 2026)
“Siempre deseo dejar la vida sin
amargura, / dejarla como yo la he visto. La esperanza que me da la noche,” … Pág.
123. Tomado del poema ELEGIA del libro “Todos han muerto” del poeta José
Barroeta. 2006.
Siento y actuó como si la vida
fuera eterna, tanto para mí, como para los seres humanos que me importan. Por
mucho que medite, piense y diga que la vida es breve, fugaz e incierta, poco pongo en práctica entre lo que está primero y lo segundo; lo importante y
cotidiano; entre lo transcendente y lo irrelevante. Primero están mis
necesidades inmediatas y soy torpe en captar las realidades y el encendido de
la luz roja, llamase peligro y fatalidad, en los demás. Esta reflexión la hago de manera autocritica, antes de abordar el punto, porque resulta que cuando quiero reaccionar es
demasiado tarde. Ojala pueda cambiar esos esquemas mentales
Llegué de Argentina en abril de
este año y solo una visita a mi hermana Flor Cabrera (que vivía en La Victoria,
a una hora de Maracay) todavía convaleciente, con su eterno problema de la
artritis y las disminuciones en sus actividades sociales y familiares que la
reducía al ámbito hogareño, contrastando con aquella mujer que le gustaba
viajar, trabajar, visitar familiares, compartir y ser útil a los demás. Estuve
en su modesta casa de Las Mercedes, muy características en adornos, manteles tejidos
por ella, cuadros de su hija Carolina que desarrolla el arte de la pintura
figurativa, etc. Allí conversamos de todo un poco, su esposo Cesár, como todas
las veces, pendiente de ella, y al mediodía un frugal almuerzo que me supo a
gloria por la bondad en compartir. Le entregué y dediqué la novela “Eleonora
Perfume de otra época” y me dijo “la voy a leer detenidamente y
espero no te pierdas, ahora que estas en Venezuela, verte de nuevo para
conversar lo que allí escribiste de la historia familiar”, yo le aclare que
había mucho de ficción como toda novela con pretensiones literarias. Hoy
lamento mi tardanza en volver y la impactante noticia de un ACV en la madrugada
del miércoles 02 de septiembre y al día siguiente una breve estabilidad con la
asistencia médica, comandada por su hija Carola, hasta la noche que no pudo
resistir más.
La noticia me llegó
inmediatamente, sentí un hondo pesar y una tristeza que no me permitió el
descanso nocturno. En mi memoria pase como una película de su recorrido por la
existencia de 79 años. Nace en una zona campesina aledaña al pueblo de La
Victoria, Edo. Aragua, el 25 de mayo de 1947. Allí transcurre su infancia hasta
los 8 años, ya que su madre toma conciencia que sus hijos no podían crecer allí
con tantas carencias y necesidades. Emigra con sus hijos a La Victoria y
mediante trabajo honesto, solidaridad familiar y vecinal logra salir adelante. Mi
hermana Flor a temprana edad, 17 años, contrae nupcias con un
victoriano decente de la ciudad y echa raíces familiares con cuatro hijos, una
vivienda estable en la Urb. Las Mercedes y un desempeño profesional de
secretaria en un liceo muy cercano a su residencia. Madre ejemplar, querida por
los vecinos, competente y empática en su labor de secretaria por más de 25 años
en una sola institución educativa, lo cual me sirvió a mi para registrarla como
un personaje, hija de Eleonora, en la novela que escribí ELEONORA PERFUME DE
OTRA EPOCA. (2024) :
“En La Victoria, Mercedes
estaba muy contenta, después de haber cumplido treinta años en el cargo de
secretaria ejecutiva en un centro educativo de secundaria, le había llegado su
jubilación y el pago de sus prestaciones devaluadas por la alta inflación, pero
para algo servía, además, ya se sentía un poco enferma con la artritis, aunque
a decir verdad nunca se le escuchó una queja, un reposo laboral. Llevaba sus
dolores con estoicismo, como su madre Eleonora. Mercedes se sentía orgullosa
con su familia, su siempre adorado esposo, sus cuatro hijos (…)
Un viernes Mercedes se acercó
al colegio para despedirse y se encontró que le habían preparado un gran
homenaje. Mercedes se había ganado el cariño del personal docente, obrero, de
muchos representantes y de los estudiantes, debido a su amabilidad y empatía en
el trato, además de su eficiencia. Le hicieron una torta inmensa, le entregaron
placa de reconocimiento, mariachis de sorpresa, obsequio de los estudiantes y
al cierre del acto habló: - Me siento emocionada, son ustedes parte de mi
familia, ganada en treinta años de labor, he sido más que una secretaria, una
amiga para los profesores, para mis compañeros trabajadores, una consejera para
los estudiantes, los amo como a mis hijos y si alguna vez los he regañado es
por mi condición de madre. No saben ustedes cuanto me ha costado dar este paso
de jubilarme porque esta es esta fue mi segunda casa hasta ahora, pero mi
enfermedad de la artritis me dice que hasta aquí. (…) Gracias a todos, los
quiero mucho y les pido que no me olviden y estoy a la orden en mi casa, para
alguna necesidad o auxilio profesional.”
Págs. 218, 219.
Mi hermana Flor Cabrera proviene
de esa templanza y afabilidad de nuestra madre Manuela Cabrera, nunca le conocí
amargura, parálisis frente a los problemas, siempre en positivo y conciliadora
y/o equilibrada ante las diferencias y puntos de vista contrarios, recuerdo sus
viajes a Caracas para tratarse la artritis, sus viajes a la Colonia Tovar y a
muchas regiones del país, cada quince días venia sola a Maracay a visitar a su
madre, etc. Su casa estaba abierta a sus
elegidas amistades, su familia. Algo característico en ella era su bondad y
cariño que se respiraba en las visitas. Nunca faltó un ofrecimiento de un dulce,
un pedazo de torta, una tasa de café y hasta un buen almuerzo o cena si uno
gustaba quedarse. Ya, en la última visita si la note más disminuida, escasamente
salía de la casa y la imprescindible presencia de su esposo y su hija médico
Carolina.
Ya la infancia, juventud y
madurez habían pasado, sin grandes contratiempos o reveses, orgullosa de la
vida que había llevado. De vida digna,
ya había entrado la vejez con 79 años, y su marca de la sonrisa, su entusiasmo,
su amor reflejado en su rostro era y es indeleble, porque el recuerdo y la
herencia nunca se pierde. Fue una mujer sin ambiciones materiales, les bastaba
su vida modesta y entregada a sus logros de vida. Creo que eso proviene de la
educación recibida, de su laboriosidad desde muy temprana edad y de ese calor
victoriano de pueblo bueno. Yo me pregunto ¿Qué más se le puede pedir a la
vida? en un país de tránsito, entre una Venezuela democrática que le
permitió crecer con esfuerzo y valores, construir familia y protegerla. Y la
otra Venezuela que sufrió y sufre grandes avatares, incólume, reclamando un
cambio de rumbo. Por eso escribo que, aunque Flor no este físicamente, su
ejemplo es digno para sus hijos, su familia, para quienes la conocieron y para
las nuevas generaciones de venezolanos. En verdad que lamento en estos últimos
meses no haber tenido más comunicación con ella, pero como escribí antes, uno
cree que estará por siempre en la tierra. El escritor colombiano García Márquez
nos dice que lo más importante en la vejez es no perder la capacidad de asombro
cotidiano y el entusiasmo, aún en las cosas más pequeñas, mi hermana Flor nunca
lo perdió.
OPINIONES RECOGIDAS DE LAS
REDES SOCIALES
“Su partida deja un inmenso
vacío en nuestros corazones, pero también nos queda el amor, los recuerdos y
todas las enseñanzas, su fortaleza, temple, que nos regaló a lo largo de su
vida. Así te llevaré en mi alma y corazón”. Hija Dalice Carolina Pinto
Cabrera.
“Nuestra querida Flor fue
ejemplo de perseverancia, nobleza, solidaridad y mucha empatía. Hoy la recuerdo
con el entusiasmo que la caracterizaba, me quedo con los momentos bonitos. Se
que esta con Dios en un lugar maravilloso y luminoso. Mucha fuerza a sus hijos
y a su compañero de toda la vida, Cesar”. Belén del Carmen Melo.
“Mi abuela nos demostró ser
una mujer valiente y fuerte. Tenia una esperanza de su recuperación, pero Dios
es quien tiene la última palabra, me duele bastante esta noticia y saber que el
día de mañana cuando regrese a Venezuela no va a estar físicamente. Desde la
distancia mucha fuerza a todos, la bendición a mi abuelo y a darle ese cariño
que mi abuela siempre le dio, ahora que lo reciba de todos nosotros. Se fue mi
abuela sin conocer mi parcela, tan orgullosa que se sentía por ese logro, pero
me dejo unas hermosas maticas que las encargaré que la cuiden mucho porque las
quiero ver crecer con el mismo cariño que me las regaló.” Miguel Angel
Pinto Torrealba.
“Su amor era como muy real,
honesto, genuino. Muy atenta, cariñosa con todo lo que le rodeaba, animales,
plantas, familiares y amistades. Recuerdo que cuando uno llegaba a su casa
siempre le ofrecía algo de comer”. Andrés Rodríguez Cabrera.
Culmino este breve homenaje a
la flor que yo conocí con este hermoso poema de Pablo Neruda:
ODA A UNAS FLORES AMARILLAS
Contra el azul moviendo sus
azules, / el mar, y contra el cielo, / Unas flores amarillas
Octubre llega
Y aunque sea tan importante
el mar desarrollando / su mito, su misión, su levadura, / estalla / sobre la
arena el oro / de una sola / planta amarilla / y se amarran / tus ojos / a la
tierra / huyen del magno mar y sus latidos.
Polvo somos, seremos.
Ni aire, ni fuego, ni agua
/ sino / tierra, / solo tierra / seremos / y tal vez / unas flores amarillas.
Tomado de las obras completas
de Pablo Neruda. Tomo II. Tercer libro de odas (1955-1957). Pág. 506.