lunes, 7 de septiembre de 2026

LA FLOR QUE YO CONOCI

 


                                                            LA FLOR QUE YO CONOCI.

En memoria de Flor Cabrera Pinto.

 

“Es de noche: medito triste y solo / a la luz de una vela titilante / y pienso en la alegría y en el dolo, / en la vejez cansada / y en la juventud gallarda y arrogante”. / Tomado de Pablo Neruda. Antología General. Poema Nocturno. Pág. 5. (escrito en 1918)





“Hijo, Feliz Cumpleaños. Que este camino se llene cada día más de éxitos y frutos. Esta lectura te lleve a disfrutar grandes conocimientos de enriquecimiento espiritual y personal. Recuerda que los límites son los que nosotros mismos nos colocamos. Dios te bendiga ahijado y sobrino. Tu Tía Flor. 12-09-10.” (texto escrito por mi hermana Flor Cabrera en un regalo de cumpleaños para la fecha allí señalada a mi hijo Gustavo Ibrahim).

"Quiero agradecerle, tía, por todas las enseñanzas, por cada sonrisa compartida, por cada momento inolvidable que nos brindó, que siempre estuvo caracterizado por esa cálida sonrisa, el consejo a tiempo y su tierna forma de expresarnos su amor. Eso es lo que me llevo conmigo para toda la vida". Gustavo Ibrahim Cabrera Melo. (Buenos Aires. 6. 09. 2026) 

“Siempre deseo dejar la vida sin amargura, / dejarla como yo la he visto. La esperanza que me da la noche,” … Pág. 123. Tomado del poema ELEGIA del libro “Todos han muerto” del poeta José Barroeta. 2006.

 


Siento y actuó como si la vida fuera eterna, tanto para mí, como para los seres humanos que me importan. Por mucho que medite, piense y diga que la vida es breve, fugaz e incierta, poco pongo en práctica entre lo que está primero y lo segundo; lo importante y cotidiano; entre lo transcendente y lo irrelevante. Primero están mis necesidades inmediatas y soy torpe en captar las realidades y el encendido de la luz roja, llamase peligro y fatalidad, en los demás. Esta reflexión la hago de manera autocritica, antes de abordar el punto, porque resulta que cuando quiero reaccionar es demasiado tarde. Ojala pueda cambiar esos esquemas mentales



Llegué de Argentina en abril de este año y solo una visita a mi hermana Flor Cabrera (que vivía en La Victoria, a una hora de Maracay) todavía convaleciente, con su eterno problema de la artritis y las disminuciones en sus actividades sociales y familiares que la reducía al ámbito hogareño, contrastando con aquella mujer que le gustaba viajar, trabajar, visitar familiares, compartir y ser útil a los demás. Estuve en su modesta casa de Las Mercedes, muy características en adornos, manteles tejidos por ella, cuadros de su hija Carolina que desarrolla el arte de la pintura figurativa, etc. Allí conversamos de todo un poco, su esposo Cesár, como todas las veces, pendiente de ella, y al mediodía un frugal almuerzo que me supo a gloria por la bondad en compartir. Le entregué y dediqué la novela “Eleonora Perfume de otra época” y me dijo la voy a leer detenidamente y espero no te pierdas, ahora que estas en Venezuela, verte de nuevo para conversar lo que allí escribiste de la historia familiar”, yo le aclare que había mucho de ficción como toda novela con pretensiones literarias. Hoy lamento mi tardanza en volver y la impactante noticia de un ACV en la madrugada del miércoles 02 de septiembre y al día siguiente una breve estabilidad con la asistencia médica, comandada por su hija Carola, hasta la noche que no pudo resistir más.



La noticia me llegó inmediatamente, sentí un hondo pesar y una tristeza que no me permitió el descanso nocturno. En mi memoria pase como una película de su recorrido por la existencia de 79 años. Nace en una zona campesina aledaña al pueblo de La Victoria, Edo. Aragua, el 25 de mayo de 1947. Allí transcurre su infancia hasta los 8 años, ya que su madre toma conciencia que sus hijos no podían crecer allí con tantas carencias y necesidades. Emigra con sus hijos a La Victoria y mediante trabajo honesto, solidaridad familiar y vecinal logra salir adelante. Mi hermana Flor a temprana edad, 17 años, contrae nupcias con un victoriano decente de la ciudad y echa raíces familiares con cuatro hijos, una vivienda estable en la Urb. Las Mercedes y un desempeño profesional de secretaria en un liceo muy cercano a su residencia. Madre ejemplar, querida por los vecinos, competente y empática en su labor de secretaria por más de 25 años en una sola institución educativa, lo cual me sirvió a mi para registrarla como un personaje, hija de Eleonora, en la novela que escribí ELEONORA PERFUME DE OTRA EPOCA. (2024) :




En La Victoria, Mercedes estaba muy contenta, después de haber cumplido treinta años en el cargo de secretaria ejecutiva en un centro educativo de secundaria, le había llegado su jubilación y el pago de sus prestaciones devaluadas por la alta inflación, pero para algo servía, además, ya se sentía un poco enferma con la artritis, aunque a decir verdad nunca se le escuchó una queja, un reposo laboral. Llevaba sus dolores con estoicismo, como su madre Eleonora. Mercedes se sentía orgullosa con su familia, su siempre adorado esposo, sus cuatro hijos (…)

Un viernes Mercedes se acercó al colegio para despedirse y se encontró que le habían preparado un gran homenaje. Mercedes se había ganado el cariño del personal docente, obrero, de muchos representantes y de los estudiantes, debido a su amabilidad y empatía en el trato, además de su eficiencia. Le hicieron una torta inmensa, le entregaron placa de reconocimiento, mariachis de sorpresa, obsequio de los estudiantes y al cierre del acto habló: - Me siento emocionada, son ustedes parte de mi familia, ganada en treinta años de labor, he sido más que una secretaria, una amiga para los profesores, para mis compañeros trabajadores, una consejera para los estudiantes, los amo como a mis hijos y si alguna vez los he regañado es por mi condición de madre. No saben ustedes cuanto me ha costado dar este paso de jubilarme porque esta es esta fue mi segunda casa hasta ahora, pero mi enfermedad de la artritis me dice que hasta aquí. (…) Gracias a todos, los quiero mucho y les pido que no me olviden y estoy a la orden en mi casa, para alguna necesidad o auxilio profesional.”  Págs. 218, 219.



Mi hermana Flor Cabrera proviene de esa templanza y afabilidad de nuestra madre Manuela Cabrera, nunca le conocí amargura, parálisis frente a los problemas, siempre en positivo y conciliadora y/o equilibrada ante las diferencias y puntos de vista contrarios, recuerdo sus viajes a Caracas para tratarse la artritis, sus viajes a la Colonia Tovar y a muchas regiones del país, cada quince días venia sola a Maracay a visitar a su madre, etc.  Su casa estaba abierta a sus elegidas amistades, su familia. Algo característico en ella era su bondad y cariño que se respiraba en las visitas. Nunca faltó un ofrecimiento de un dulce, un pedazo de torta, una tasa de café y hasta un buen almuerzo o cena si uno gustaba quedarse. Ya, en la última visita si la note más disminuida, escasamente salía de la casa y la imprescindible presencia de su esposo y su hija médico Carolina.



Ya la infancia, juventud y madurez habían pasado, sin grandes contratiempos o reveses, orgullosa de la vida que había llevado.  De vida digna, ya había entrado la vejez con 79 años, y su marca de la sonrisa, su entusiasmo, su amor reflejado en su rostro era y es indeleble, porque el recuerdo y la herencia nunca se pierde. Fue una mujer sin ambiciones materiales, les bastaba su vida modesta y entregada a sus logros de vida. Creo que eso proviene de la educación recibida, de su laboriosidad desde muy temprana edad y de ese calor victoriano de pueblo bueno. Yo me pregunto ¿Qué más se le puede pedir a la vida? en un país de tránsito, entre una Venezuela democrática que le permitió crecer con esfuerzo y valores, construir familia y protegerla. Y la otra Venezuela que sufrió y sufre grandes avatares, incólume, reclamando un cambio de rumbo. Por eso escribo que, aunque Flor no este físicamente, su ejemplo es digno para sus hijos, su familia, para quienes la conocieron y para las nuevas generaciones de venezolanos. En verdad que lamento en estos últimos meses no haber tenido más comunicación con ella, pero como escribí antes, uno cree que estará por siempre en la tierra. El escritor colombiano García Márquez nos dice que lo más importante en la vejez es no perder la capacidad de asombro cotidiano y el entusiasmo, aún en las cosas más pequeñas, mi hermana Flor nunca lo perdió.



OPINIONES RECOGIDAS DE LAS REDES SOCIALES

“Su partida deja un inmenso vacío en nuestros corazones, pero también nos queda el amor, los recuerdos y todas las enseñanzas, su fortaleza, temple, que nos regaló a lo largo de su vida. Así te llevaré en mi alma y corazón”. Hija Dalice Carolina Pinto Cabrera.

“Nuestra querida Flor fue ejemplo de perseverancia, nobleza, solidaridad y mucha empatía. Hoy la recuerdo con el entusiasmo que la caracterizaba, me quedo con los momentos bonitos. Se que esta con Dios en un lugar maravilloso y luminoso. Mucha fuerza a sus hijos y a su compañero de toda la vida, Cesar”. Belén del Carmen Melo.



Mi abuela nos demostró ser una mujer valiente y fuerte. Tenia una esperanza de su recuperación, pero Dios es quien tiene la última palabra, me duele bastante esta noticia y saber que el día de mañana cuando regrese a Venezuela no va a estar físicamente. Desde la distancia mucha fuerza a todos, la bendición a mi abuelo y a darle ese cariño que mi abuela siempre le dio, ahora que lo reciba de todos nosotros. Se fue mi abuela sin conocer mi parcela, tan orgullosa que se sentía por ese logro, pero me dejo unas hermosas maticas que las encargaré que la cuiden mucho porque las quiero ver crecer con el mismo cariño que me las regaló.” Miguel Angel Pinto Torrealba.

“Su amor era como muy real, honesto, genuino. Muy atenta, cariñosa con todo lo que le rodeaba, animales, plantas, familiares y amistades. Recuerdo que cuando uno llegaba a su casa siempre le ofrecía algo de comer”. Andrés Rodríguez Cabrera.



Culmino este breve homenaje a la flor que yo conocí con este hermoso poema de Pablo Neruda:

 

ODA A UNAS FLORES AMARILLAS

Contra el azul moviendo sus azules, / el mar, y contra el cielo, / Unas flores amarillas

Octubre llega

Y aunque sea tan importante el mar desarrollando / su mito, su misión, su levadura, / estalla / sobre la arena el oro / de una sola / planta amarilla / y se amarran / tus ojos / a la tierra / huyen del magno mar y sus latidos.

Polvo somos, seremos.

Ni aire, ni fuego, ni agua / sino / tierra, / solo tierra / seremos / y tal vez / unas flores amarillas.



Tomado de las obras completas de Pablo Neruda. Tomo II. Tercer libro de odas (1955-1957). Pág. 506.