martes, 11 de julio de 2023

VENEZUELA Y LOS VENEZOLANOS EN EL SIGLO XXI


 

VENEZUELA  Y  LOS VENEZOLANOS EN EL SIGLO XXI

AL  PINTOR ZULIANO  LUIS BERMUDES 


 

“La concepción de “lo venezolano” se articula así, desde los comienzos de sus procesos socioculturales más representativos, en la dualidad, signada por el sentido de la ambigüedad entre el espejismo (belleza, originalidad, grandeza) y la contradicción (riqueza que mancha y salva a la vez: por lo que aporta, pero igualmente por lo que posibilita en vicios). Así se escribe la venezolanidad”  Ensayo ESCRITURA Y CULTURA DEL PESIMISMO. Thamara Hannot. Revista SIC. No: 599. Noviembre 1997.



“Este pequeño país, cuya historia llegó a alcanzar en cierto momento proporciones sublimes, se encuentra en 1853 en pleno proceso de descomposición. Todo se empequeñece y corrompe en él. Sus hijos parecen arrebatados por una locura suicida y los más cuerdos de ellos, como el doctor José Vargas, prefieren ir a morir lejos de sus costas”.  GUZMAN BLANCO Elipse de una ambición de poder. Ramón Díaz Sánchez. 3era edición. Caracas 1953. Pag 395. (Cualquier comparación con la realidad es pura coincidencia)



“Lo que inicialmente parecía ser un disparate historicista, se ha revelado como una estrategia ideológica dirigida a despojarnos del orgullo derivado del haber creado, como pueblo (…) el régimen socio-político liberal democrático, nuestra obra fundamental del siglo XX”. En PROSPECTIVA. Germán Carrera Damas. Alfa. 2018. Tomado del Papel Literario de El Nacional. 18 de junio de 2023.

 

Un cuarto de siglo es más que suficiente para desentrañar la naturaleza de este régimen. Ya no hay lugar para imposturas y disimulo,  sencillamente porque el sistema democrático ha venido siendo desmontado y solo quedan un chance de oro, como son las elecciones presidenciales de 2024. La dictadura sabe que perdió la absoluta popularidad en la población y busca las miles de artimañas, trampas y engaños para ver de qué manera le escamotea los votos a la oposición democrática. Como señala el historiador Germán Carrera Damas: “Los venezolanos estamos padeciendo de una empresa de desorientación de nuestra conciencia histórica que no tiene precedente en cuanto a perversidad y malignidad”.





Y yo me pregunto ¿De dónde salieron esta minoría de venezolanos, entre gobernantes, administradores de justicia, burócratas y militares que siguen respaldando al régimen? ¿Qué defienden si ya no hay chavismo ni socialismo del siglo XXI? ¿Cómo puede estar su conciencia al saber que están  entregando su país al eje del mal internacional antioccidental comandado por Rusia, China e Irán?  ¿Con que cara ven a sus hijos, sabiendo que estos veinticinco años se han perdido generaciones enteras de venezolanos, arruinados, empobrecidos, asesinados, torturados y deambulando por las calles de países extranjeros en campamentos y refugios improvisados? ¿Será tan duro su corazón ante millones de venezolanos que ha emigrado para sobrevivir con sus hijos en otro lugar que no sea Venezuela, dejando familiares que no sabe si los volverán a ver? ¿Será que se creen  el cuento de las sanciones cuando su corrupción denunciada por ellos supera los 3 mil millones de dólares? ¿Han pensado que van a hacer  si este régimen   es obligado internacionalmente a respetar la trasparencia electoral con sus resultados adversos, y  no les queda más remedio que entregar el poder ante una perentoria negociación internacional? ¿Pensaran que están a tiempo de arrepentirse para no seguir causándole daño al país? O  ¿tomaran el camino más cómodo de “como vaya viniendo vamos viendo y preparándose para lo peor? ¡¿Y qué significa lo peor?! ¿Respetar los resultados si llegamos hasta allá  o arrebatar entre gallos y medianoche?. Veremos 

 



 Los venezolanos de este siglo nos hemos venido acostumbrado a que todo puede pasar. Que más asombro ante la diáspora y la tragedia para millones de expatriados en países hermanos; nuestros niños, jóvenes y adultos que han perdido la vida en el río Bravo (entre México y Los Estados Unidos), en la selva y Tapón del Darien, ruta obligada terrestre entre Colombia y Panamá, en el territorio desolado del Desierto de Atacama para llegar a Chile, etc. La violencia contra nuestros jóvenes con un elevado número de asesinados en las protestas callejeras entre 2014 y 2019, las torturas denunciadas, más de 250 presos políticos con procesos condenatorios suspendidos a falta de pruebas, las acusaciones contra el régimen por crímenes de lesa humanidad en casos demostrados en el Tribunal Penal Internacional y respaldado por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y Organizaciones de Derechos  humanos nacionales e internacionales, los caso más emblemáticos de Oscar Pérez, Raúl Isaías Baduel,  Fernando Albán, el Capitán de Fragata Rafael Acosta Arévalo, el indígena Salvador Franco , y un largo etc. Los salarios y pensiones de hambre, la dolarización y el falso eslogan “Venezuela se arregló”. Las incansables protestas de los maestros por mejoras salariales y el uso de su único recurso como es la paralización de actividades escolares indefinida, trabajando prácticamente dos días a la semana, llevando la educación pública a un deterioro impresionante por la indiferencia del régimen , jamás visto, echando por el suelo todo el avance que se había logrado bajo la democracia. Las colas interminables para echar gasolina, ahora dolarizada, en un país donde su industria petrolera trabaja a un cuarto de maquina por su ineficacia, la politización y la corrupción interna. La destrucción ecológica en el llamado Arco Minero del Orinoco, ubicado entre Amazonas y el Estado Bolívar, por la extracción de oro, diamantes, bauxita, coltán y aluminio  con métodos agresivos y tóxicos a la naturaleza. La presencia de funcionarios  cubanos en la asesoría política, militar y de inteligencia, pisoteando nuestra soberanía consagrada en nuestra Carta Magna. Un país repartido entre fracciones de poder, y a cada cual le toca su tajada del plato apetecible en que se ha convertido VENEZUELA, como una  vaca lechera,   a cada grupo le corresponde una teta, la cual debe exprimir para su propio peculio, no importando la ruina del animal, vale decir la ruina de todos los venezolanos, de su economía, de sus instituciones. A quien le importa que nuestra Justicia este corrompida, dolarizada, que cualquier caso ante tribunales pase por el tamiz de las comisiones dolarizadas, y ya es como normal. 



La Venezuela del siglo pasado, en la que yo nací, crecí y llegué a  los setenta años (nací en 1954) era el país que se estaba fraguando en la modernidad, en los valores democráticos y ciudadanos de respeto, honestidad y solidaridad, enseñados desde la familia y la escuela. Era la Venezuela del desarrollo de la pequeña, mediana industria y de la gran industria, del empleo, del trabajo y de la educación como fuente fundamental de progreso para la familia venezolana. Era la Venezuela con sus clases sociales y desigualdades, pero el dinero tenía poder  adquisitivo. Era la Venezuela que gozaba de alternabilidad democrática presidencial y parlamentaria,  que llegó a elegir libremente a sus gobernadores y alcaldes, a través de los partidos democráticos, tanto de la derecha como de la izquierda. La Venezuela que sembró universidades por todos lados y que dio sus frutos con aquella Fundación Ayacucho donde miles de jóvenes universitarios se fueron a preparar al extranjero. La Venezuela con su pujante cultura a todos los niveles y que nos dio grandes creadores como José Ignacio Cabrujas, Jesús Soto, Cruz Diez, Abreu, Salvador Garmendia, Juan Liscano, Pedro León Zapata, Miguel Otero Silva (padre), Ludovico Silva, Juan Félix Sánchez, José Antonio Abreu, Rómulo Gallegos, Eneas Perdomo, Juan de Los Santos Contreras (mejor conocido como El Carrao de Palmarito  y tantos otros que se internalizaron en la idiosincrasia venezolana para darle luz y contemporaneidad al  siglo XX.



Claro que todo no fue positivo. Las elites políticas y económicas crecieron bajo las sombras de la renta petrolera y en las postrimerías del siglo pasado   se fueros separando  de las demandas sociales, se burocratizaron en los cargos públicos, se corrompieron, no atendieron la necesidad de reformar el Estado democrático,  sus instituciones y partidos políticos  y terminaron perdiendo el apoyo popular. El sociólogo Trino Márquez lo dijo recientemente ante el periodista Napoleón Bravo: “La elite política venezolana no logró entender la crisis política que había en 1989, los precios del crudo se habían estancado en 6 dólares y no entendió lo importante que era la reforma del Estado planteado por La COPRE (Comisión Presidencial para la Reforma del Estado), entre ellas la reforma del Poder Judicial. No entendieron que las decisiones fundamentales no podían ser tomadas por las cúpulas de AD y COPEI, que los empresarios tenían que competir, que las universidades tenían que modernizarse, que los partidos políticos tenían que renovarse. Todo eso fue rechazado por la elite venezolana. Al final se impuso el mesianismo  que ofrecía esos cambios y terminó imponiendo la dictadura más feroz que se conoce desde el siglo XX. En este momento la democracia en Venezuela pertenece al pasado. Hoy,  no hay  medios de comunicación independientes, la dictadura compra conciencia e interviene en  los partidos políticos a su antojo.” Para otros analistas lo que está pasando en Venezuela tiene que ver con su larga historia política llena de traiciones, acomodos burocráticos, saltos de talanquera, discursos demagógicos y manipuladores. Se hace la ley,  pero impera su violación y la trampa. Para el analista político que tiene un programa por las redes, Daniel Lara Farías señala que “Todo esto tiene que ver con la taras o vicios que vienen desde la época colonial: “¿Qué es el  chavismo? (se pregunta y responde): La  que le dio cabida a sus taras:  la de ser rico es malo, creando resentimiento; la viveza criolla  del ponme donde halla; no acepto la opinión disidente; si tengo poder atropello; Licencia para matar; se crea la ley pero también la trampa, etc.  Y señala como ejemplo al Conde del Guacharo y al gordo Juan  Barreto,  ex alcalde  chavista, por sus acomodos con el poder. Y termina con esta perla: El chavismo tomó lo peor de la  sociedad y lo convirtió en un movimiento político, en una organización delictiva y parte de la oposición falsaria y prostibularia le sirvió para su dominación”.



Sin embargo tengo dos interrogantes que resolver. La primera ¿Es solo culpable la elite gobernante y sus acólitos?, y la segunda duda ¿Podemos seguir usando los análisis y enfoques clásicos y tradicionales sobre el venezolano con otros agregados que corresponden a estos veinticinco años de dictadura marxistoide? 

Con respeto a la primera interrogante considero que no,  la condición venezolana la llevamos todos los nacidos en esta patria y por tanto llevamos en los genes lo bueno y lo malo que hemos sido, somos y seremos. Recuerdo que mi hermana Rosalía Cabrera me decía y me lo repetía casi como una letanía: Lo malo del chavismo es que sacó o se alimentó de lo malo que tenemos por dentro. Somos chistosos, nos gusta el chisme, refraneros, hacemos gala de la cultura oral, permisivos, transgresores de las leyes, responsables e irresponsables, quedar bien, aparentar, estar a la moda, impostores, a todo le buscamos un acomodo, personalidades maleables, temperamentales, ingenuos, manipulamos y nos dejamos manipular, copiones, como vaya viniendo vamos viendo, la política se la dejamos a los politicos,  etc. Es posible que algunos de estos términos no sea malo como tal, el problema es cuando lo contextualizamos en la vida cotidiana y lo llevamos al plano político del chavismo-madurismo, como una empresa, como un laboratorio que está en un proceso de deconstrucción que sufrimos todos los venezolanos, tomándole la palabra al historiador Germán Carrera Damas cuando dice que “padecemos de una empresa de desorientación de nuestra conciencia histórica que no tiene precedente en cuanto a perversidad y malignidad”. De tal manera que si esta empresa no es detenida por sus fuerzas democráticas, corremos el riegos de llegar a tres décadas con esta misma forma de gobernar, empobreciendo aún más a  sus ciudadanos y legitimando una manera de ser donde no hay derecho a la crítica, la disidencia como un diferente excluido del rebaño, prohibido hablar de política, un ser mediocre con miedo a opinar con voz propia, con la amenaza de meterte preso. Un pueblo conforme a las dadivas traducidas en bonos, bolsas clap, donde ya no exista el secreto del voto y sobre los opositores pese la espada de Damocles. En conclusión un venezolano sumiso frente al poder constituido, sin alternabilidad democrática.  



Mientras eso acontece,  los venezolanos de la diáspora sufren una “reconfiguración étnica” según las investigaciones del Profesor, escritor e investigador Enrique Alí González Ordosgoitti: “La reconfiguración étnica es la aniquilación del núcleo central de sentido de una experiencia societal en los diversos niveles posibles de condensación histórica, trátese de una etnia de jefatura, una etnia nacional o una etnia civilizacional”. Más adelante agrega “La Venezuela existente hasta 1998 ha dejado de existir y el país ha entrado en un proceso de reconfiguración étnica”. Enfatiza en su enjundiosa investigación, aparecida recientemente en el Papel Literario de El Nacional (21 de junio de 2023) “que la  vuelta masiva a la patria no parece ser a corto plazo, por lo cual hay que prepararse para una sedentarización creciente en los países receptores, además que sirven de apoyo a los venezolanos de adentro” (tipo Cuba). De esta manera, como lo he venido observando, los venezolanos se van adaptando al país receptor, básicamente buscando un empleo o sobreviviendo con las ayudas del Estado foráneo y Organizaciones Internacionales de Derechos Humanos, se establecen con su familia parental hasta donde sea posible, compartiendo sus valores y cultura del país que los recibe. Lo grave es que se vuelven indiferentes a  lo que acontece en su país natal y los hay quienes no desean regresar, así cambie el gobierno. La única conexión es la familia de adentro, pero nada de preocupación por ser agentes de cambio desde el país que los acoge, ni asumir compromisos políticos.  



La segunda interrogante es si siguen siendo útiles los análisis históricos para entender nuestra realidad actual. Por un lado sí, porque es el estudio de nuestra partida de nacimiento y su devenir socio histórico, cultural y político de personalidades que han dejado una honda huella, me refiero a Rufino Blanco Fombona, Mariano Picón Salas, Cecilio Acosta, Fermín Toro, Mario Briceño Iragorry, etc. hasta  los más contemporáneos como Arturo Uslar Pietri, Miguel Otero Silva, Rómulo Gallegos, José Ignacio Cabrujas, etc. No obstante para este siglo XXI, estamos frente a una caja de sorpresas. Hay que meterle el ojo a una nueva antropología conductual o como lo llama el autor citado “reconfiguración étnica”.  De triunfar el chavismo-madurismo a base de trampas y subterfugios en las presidenciales de 2024 tendrán seis años más en su modelo totalitarista y por ende tendrá su  repercusión en la venezolanidad, en la asimilación y acomodo a la dominación, división social más extrema e incondicionalidad políticas con un proyecto de tendencia marxistoide,  muy distinto a la republica liberal democrática, que es nuestra marca de origen como muy bien lo apunta Carrera Damas. De salir derrotados, aun,  con un acuerdo negociado, le corresponderá a la élite política democrática  rearmar y/o edificar todo un proyecto de recuperación democrática e institucional, sobre bases liberales más claras y menos populistas.

Por lo pronto les dejo un pensamiento poético de Rafael Cadenas, muy dado a la coyuntura histórica que estamos atravesando.



“Nuestra marca en este caminar tropezando. Estamos hasta los huesos de tinieblas. La mugre nos sale por la boca. El sucio de los sucios embarra nuestra verdad”   Rafael Cadenas.

viernes, 2 de junio de 2023

CONVERSANDO CON JOSE IGNACIO CABRUJAS

 


CONVERSANDO CON EL  ESCRITOR Y  DRAMATURGO JOSE IGNACIO CABRUJAS

A Gustavo Ibrahim por su joven admiración a este insigne personaje.

 

“A lo único que yo quisiera apostar en mi vida es a no engañarnos más. Es ésa desesperada necesidad que siento en este punto de mi vida. No quiero engañarme ni engañar a los demás”.

“No anden buscando la autenticidad, porque nosotros somos unos copiones, una gente que se copia de todo el mundo, estupendo. Y así somos, y cuál es el problema, debemos llevarlo a mucha honra”

“Yo sigo creyendo que la democracia es una forma digna de gobierno y creo que es uno de los sistemas más cónsonos con el propio sentido humano.”

“No soy presumido ni vanidoso, así que lo que he sido, lo que he dicho, lo que he escrito, allí como prueba de una época que viví e interpreté en mi forma de entender este país y de dónde venimos. Al final nadie muere del todo, allí hay una obra sobre un país y su gente que he amado. No renuncio a nada de lo que he hecho.”

 


 Entre los papeles y carpetas de mi biblioteca, encontré está conversación impresa con el  dramaturgo venezolano José Ignacio Cabrujas. Por los años transcurridos,  en hojas ya amarillentas, la trascripción estaba borrosa sin autor de quien la hizo, ni fecha alguna, por lo que me di a la laboriosa  tarea de cotejar  entre lo escrito y las diferentes fuentes bibliográficas  que recogen la palabra de este celebre intelectual criollo. Me asombra por dos motivos: su originalidad y segundo su vigencia para estos tiempos tormentosos. José Ignacio Cabrujas fue el  hombre de teatro más importante del siglo pasado, con más de 20 obras escritas y escenificadas, sin obviar su ya reconocida reputación en los emblemáticos ensayos y crónicas del acontecer nacional en diarios importantes como El Nacional y El Diario de Caracas,  que ya no circulan al público, aunque El Nacional se mantiene en forma digital. Escritor de guiones de telenovelas que marcaron un ante y un después en la producción dramática de la televisión venezolana, más de 15 guiones de películas. Un personaje, en general muy controversial que está vigente, como diríamos a lo vernáculo: “vivito y coleando”. Sin más nada que agregar, los dejo frente a la visión crítica del lector, que es en última instancia quien da su veredicto. 

 


-El escritor y amigo suyo Íbsen Martínez  señaló  que la sociedad venezolana es una sociedad fracasada, una sociedad todavía hoy postcolonial que se precipitó en el fracaso sin haber alcanzado cabalmente esplendor alguno. Una de esas sociedades a medio hornear, la frase es de V.S Naipaul, en las que el único gran arte es la gesticulación. Una sociedad que gesticula destinos y grandezas. ¿Qué opinas José Ignacio Cabrujas de esa afirmación? Por cuanto siento que tiene relación con lo que has expresado sobre los venezolanos y nuestra historia socio-cultural y política.



JIC: -En primer lugar agradecerte esta conversación concertada y ese abreboca es como un dardo que has lanzado en todo el centro de la diana, y no precisamente a la hermosa mujer Diana de Gales, que es puro candor y ternura. Y por otro lado has citado a Íbsen Martínez, gran amigo, compañero de aventuras en el medio televisivo e intelectual, con una afirmación que comparto plenamente. Ya es hora que nos reconozcamos como lo que somos, el país se ha vaciado de sus significados, de las tres o cuatro inquietudes conceptuales que lo definían, y ahora no alcanza a mirarse ni a entenderse. La realidad ha descarado el pensamiento y  estas alturas nos hemos sometido a todas las locuras posibles y por verse. Ostentamos un record histórico en el despilfarro de cientos de millones de dólares petroleros, ya el bolívar no existe como valor de cambio, solo exhibimos nuestra caratula de copiones, y a mucha honra.



-Cabrujas, te acuerdas de aquella frase que dijo Simón Rodríguez, cuando regreso a América con ideas educativas  originales para implantarlas a través de la educación, hablaba de unas bases que edificaran la República.  “Inventamos o erramos” o aquella que exhortaba a ver más hacia adentro del suelo nativo  que hacia la Europa, Francia e Inglaterra. Al final fracaso y nadie lo entendió, ni siquiera Sucre, que lo consideraba un loco. ¿Eso no está relacionado con lo que has afirmado en reclamo de comprendernos desde lo que somos, develando nuestras imposturas?  ¿Por qué no profundizas en eso de “copiones”?

JIC: -Como no. Lo he  dicho muchas veces y ya suena como un estribillo que se encuentra en google, no andemos buscando autenticidad porque nosotros somos unos copiones, una gente que se copia de todo el mundo, estupendo, y así somos y cuál es el problema, a mucha honra. Está en circulación un libro del historiador Antonio de Abreu Xavier con un título muy sugerente “La pasión criolla por el faschión” donde señala como desde los siglos coloniales siempre nos importó la moda y lo que se lucia en Europa. Y  digo yo en tono de interrogarme a mí mismo, ese no es el centro de nuestro  mestizaje y de lo que terminamos siendo como sociedad, y no solo en Venezuela sino en toda América Latina, pero nosotros somos la demostración por excelencia. Hay gente que quiere estigmatizarnos y condenarnos a ser ciudadanos de la arepa y el maíz, y de cogollo. Cuando el venezolano es un checo, un noruego o un danés, un ruso, o un… lo que tú quieras.  Nosotros somos los ciudadanos más universales del planeta Tierra. Mucho más universal es un venezolano que un francés, lo cual no quiere decir que sea más culto. Un francés tiene una forma, una economía, una historia, pero un venezolano tiene mayor capacidad de comprender la humanidad que un europeo, porque un francés es simplemente un francés, no más que un francés, pero un venezolano es un francés y un noruego también. Y con relación a lo que decías de Simón Rodríguez  es totalmente cierto, a la final se impuso el sistema educativo  lancasteriano cuyo fundador fue el inglés Joseph Lancaster, que el mismo Bolívar tuvo que reconocer que tenía sus bondades. Desde esa universalidad hemos hechos grandes aportes en la cultura y en la ciencia.



-Lo que yo siento es que si somos unos copiones no tendremos nunca identidad cultural, siempre estaremos ensayando y errando. No le veo nada bueno, sobre todo en las postrimerías del siglo XX e inicio del siguiente,  globalizado, con redes digitalizadas y grandes potencias que siguen decidiendo sobre el porvenir del mundo.

JIC: -Lo que sucede es que la historia de las civilizaciones, de los pueblos, de nuestro país en concreto no marcha en términos de mi voluntad y/o ideología predeterminada. Pesa mucho nuestra historia, nuestros orígenes y de dónde venimos. Lo que sí está claro es que somos occidentales, somos cristianos, hablamos la lengua española y esa cultura judeo-cristiana nos marca con sus mitos y conductas societarias hasta la modernidad. Hay que leer e ir a las fuentes de nuestra historia para comprender que pasó, porque en nuestro país la mayoría de la gente ha aprendido a leer para servir a una mezquina conveniencia, del mismo modo que se aprende a contar para llevar la contabilidad y que no le engañen a uno en los negocios; pero poco o nada saben de lo que es la lectura como noble ejercicio del intelecto, a decir del escritor español Pedro Salinas. Pero volviendo al asunto, en lo político sostenemos el valor de la democracia, aunque no la cumplimos y violentemos nuestra propia Constitución Nacional, pero creo, es uno de los sistemas más cónsonos con el propio sentido humano. El problema está que no termina de consolidarse por el Estado del Disimulo, que puedo tratar en otro momento. Estamos hechos de lastres y vanguardia, de pensamiento aposentado e ideas por verse y definirse. Fíjate el estruendoso fracaso de la Venezuela actual con esa vieja idea liberal y marxista,   redentora, mesiánica, mediante la cual el esfuerzo de unos cuantos amigos de la justicia puede salvar a todos en un oportuno momento. Al final un concretísimo fracaso con fecha, apellido y relato. ¿Pero que de los triunfadores? ¿A dónde llegaron? ¿Qué significan?   El país que tenemos es un desastre, habrá que quitarse las máscaras,  mirarnos hondo y profundo a ver que producimos como autocritica sincera y honesta, sin engaños. Cualquier esfuerzo en decirlo para salir de este fraude, tendrá que ser bienvenido. No somos reducibles ni descifrables. No hay civilización y barbarie, ni democracia y dictadura, ni socialismo redentor ni capitalismo malvado, al menos como opciones de nuestras horas. No hay síntesis, porque hasta el momento hemos sido incapaces de escribir un buen libro capaz de analizar, estos años de lo vivido. Somos el símbolo de nuestra propia frustración, los fantásticos ilusos de la ideología, porque el día y la hora no nos dicen absolutamente nada. En fin nuestra trascendencia, aquello que hemos dejado atado, aquello que significa, es elusiva y sobre todo extraviada. ¿Cuándo saldremos de esto? Está por verse.



-Has dicho una palabra clave que es necesario no dejar por sentado: Estado de Disimulo. ¿Cómo se come eso? En la actualidad has revisado ese concepto, sigue imperando o ha variado con el correr de los años.

JIC: - Como no, esa es parte de mi tesis cardinal y no creo que haya cambiado, más bien se ha profundizado en los últimos años. En una entrevista realizada por un grupo de amigos de la COPRE, en el año 1987 dije que tiene que ver con la naturaleza del Estado que hemos recibido como herencia los venezolanos, es decir el Estado como resultado de la idea o concepto del caudillo de turno, que al erigirse como edificio teologal del deber ser, provoca la distancia abismal con las necesidades del individuo obligándola a disimular. Con las variantes del caso, creo que así se ha comportado el Estado venezolano desde los tiempos de Francisco Fajardo hasta la actualidad.   Ello a su vez está relacionado  con el país campamento, el país prescindible, el país provisional. Estamos cansados de ver esa dualidad del poder, entre lo que se dice y lo que se hace, y el ciudadano se ha acostumbrado a ese Estado del Disimulo, a no cumplir las leyes porque sus representantes no las cumplen, entonces no le queda de otra que disimular para sentirse venezolano. El déspota, y vaya si los hubo, jamás uso la palabra  <<tiranía>> ni los eufemismos correspondientes, como podría ser la palabra <<autoritario>> o <<gobierno de fuerza>> o <<régimen de excepción>> Por el contrario llama a una nueva Constitución que se convierte en un ejercicio retorico, destinado a disimular las criadillas del gobernante. En lugar de escribir <<me da la gana>>, el legislador por orden del déspota, escribió “en nombre del bien común” y demás afrancesamiento por el estilo. El resultado es que es que nos hemos acostumbrado a percibir que las leyes no tienen nada que ver con la vida. Nunca levantamos muchas salas de teatro en este país. ¿Para qué?  La estructura principista del poder fue siempre nuestro mejor escenario.



-Ahora me gustaría que bajáramos del país a tu obra dramática, sé que tu obsesión del país que habitas está plasmado en la escena, sobre todo por eso último que señalas, nuestra propia historia es el mejor escenario para el teatro. Entiendo que has creado una especie de “cosmovisión”, de interpretación personal de la historia y la cultura venezolana con ese toque de originalidad conmovedora y dramática de lo que somos. Muy en la línea de lo que dice el crítico teatral Leonardo Azparren en el sentido que el dramaturgo tiene como tarea reconstruir sentimientos ancestrales y reinstalarlos en la zona emotiva del espíritu de su época, para que las costumbres del pasado se tornen historia presente y el presente prolongación de los siglos. Y muchas de esas costumbres se convierten en cultura a partir de los mitos de la oralidad.

JIC: Yo lo plantearía más bien como un sube y baja, como un columpio, muy lúdico por cierto, entre el ayer y el hoy, entre pasado y presente, como especie de un encuentro que se ama y se odia, porque así es la vida, mucho más con ese componente del mestizaje que te explique hace rato, y eso nadie lo puede cambiar. Por otra parte yo me pregunto ¿Cuál teatro? Y a mí se me ocurre una respuesta. Aquel donde se hable de nosotros, aquel donde podamos ser nosotros. Pero nuestros autores lo rehúyen, quieren elevarse por encima de humanizar el teatro y por eso nuestro arte escénico no ha podido empujar como lo debe. Yo rompí hace tiempo con las camisas de fuerzas ideológicas, me interesa el drama nacional y sus perspectivas. En una ocasión le confesé al periodista Ramón Hernández, cuando produzco no milito. Pasa que en nuestro continente y muy concretamente en Venezuela, cuando un escritor asume la defensa de una situación ideológica lo hace hasta sus últimas consecuencias, hasta los tuétanos. Compromete palabras, sentimientos y hasta su particular sangre. Yo no hago eso, mi teatro es de la gente.



-Es posible afirmar que tu dramaturgia involucra con todos sus riegos una ética, una develación catártica, una política, la de considerarse históricamente; y una metafísica en su interés –intimo personal- por lo que quieres contar. Es lo que puedo apreciar en tus obras más reconocidas como son Profundo, Acto Cultural, El día que me quieras y  El Americano Ilustrado, escritas y escenificadas con repartos estelares. Y me interesa saber si Una Noche Oriental representa una continuación de la dramaturgia que te acabo de nombrar.

JIC: - No lo sé. Cuando lo vea en el escenario te lo podría decir. Lo único que puedo adelantar es que Acto Cultural transcurre en 1929, El Día que me quieras en 1935 y ahora estoy en 1958. Yo siempre he dicho que uno siempre escribe la misma obra. El ser humano no cambia y los escritores de teatro menos, escribimos siempre la misma obra, la disfrazamos de muchas maneras, pero en el fondo es lo mismo. En mi caso particular, me interesa contra una historia que yo creo que es fundamental en este país: como los venezolanos asumimos formas y caemos en contradicción con esas formas que hemos adoptados; es decir como entre lo que un hombre piensa y lo que un hombre hace existe una diferencia radical, cómo ser en Venezuela una vergüenza. Yo he querido mostrar eso en mi teatro, desde los personajes de “Profundo” que se abrazan a una religión para pedir dinero, los miembros de la Sociedad Pasteur de “Acto Cultural” que hacen cultura para obtener una posición o una protección, o con Pio Miranda que tiene una enorme rabieta en “El Día que me Quieras”, y se hace comunista porque le da vergüenza su rabia. En “Una noche Oriental” sus personajes intuyen como posible de cambiar, de ser de otra manera.



-¿Maestro Cabrujas, si en este momento le exigieran seleccionar su mejor obra dramática para su escenificación, cual escogería de su amplio repertorio?

El maestro Cabrujas no lo pensó mucho

JIC: -Fiósole…

-Perdone Maestro, pero no la conozco

JIC: -No es Usted la excepción. Esa pieza teatral es  la menos conocida y la menos divulgada. Imagínese que fue estrenada el 13 de octubre de 1967 en el Teatro Alberto Paz y Mateos en Caracas, en la temporada inaugural del Nuevo Grupo, bajo la dirección de mi amigo Herman Lejter. No recuerdo cuantas funciones, pero de allí no  volvió a las tablas. Esa pieza yo le tengo mucho afecto por motivaciones personales   y porque su texto argumental representa un cambio, una transición y un camino. Te comento que nació de una semana insólita que viví al lado de Herman Lejter, a quien le dedico la pieza. Resulta que ese año, 1967, fuimos encarcelados por el SIFA (Servicio de Inteligencia de las Fuerza Armada)  Lejter, Carlos González Vegas  y  yo durante una  semana sin saber las razones, pues resulta que al final me entere que  nos habían delatado por acciones políticas que nunca habíamos hechos. Eso me conmocionó y lloré. El resultado fue Fiésole, que a la postre significó mi gran fracaso teatral, pero mi gran orgullo, porque yo dije “al diablo” yo voy a escribir de lo que me pasa.

-¿Y en resumen me puede echar el cuento de su argumento y si representó su gran fracaso, como es que insiste ahora…?

JIC: -Es una obra inspirada en el teatro del absurdo, donde el espació verbal suplanta lo que el espacio físico le niega. Su punto de partida es la motivación personal, como ya te dije, y su punto de llegada es cambiar el pasado en un presente y abrir nuevos espacios dramáticos. La trama es muy lineal, se desarrolla en una celda  y los dos personajes, el uno y el otro,  después de agotar todos los temas de conversación, cantar todas las arias de ópera conocidas, recitar cuantos poemas recordábamos, surgió en nosotros el fastidio con el país, ante la evidencia de que algo así pudiera ocurrir. Comenzamos a pensar en ahorrar dinero, cuando saliéramos y marcharnos a Europa, quizá a Fiézole, ese pequeño pueblo italiano  enclavado en una montaña y allí remontarnos a los valores del Renacimiento. Eso es lo que nos podía salvar desde la esperanza utópica. Fiézole en muchos sentidos la experimentación de la nueva manera de aproximarse a la vida y al escenario. Es una obra sin mensaje y sin toma de posición. Es un adiós al pasado, surgió de una fobia a las formas teatrales establecidas. Y la seleccionaría sin pensarlo dos veces porque Venezuela está pidiendo a gritos cambios, no podemos seguir en la misma cosas que nos están indicando que por ahí no es el camino para salir de este atolladero en que nos encontramos. Eso lo deberían saber los políticos de este país.     

 


-Y una última pregunta capciosa ¿Sigue Usted siendo  comunista?

JIC: ¡-Así y sin anestesia la pregunta! No la esperaba, pero tampoco rehúyo. Provengo de una familia pobre de Catia y mis padres se esforzaron en que estudiara en una escuela jesuita, pero la religión no me convencía más que las ideas comunistas que me llegaron por la lectura de Los Miserables de Víctor Hugo  y las películas mexicanas de ese entonces, recuerdo a dos grandes actores como lo fueron Pedro Armendáriz y Pedro Infante con una película titulada “Nosotros los pobres” y aquella sentencia de rabia: ¡Malditos los ricos! Y eso también lo decían los comunistas con su tono pomposo, protocolar y “científico”. Eso fue como una fiebre que les dio a los jóvenes de mi generación  bajo el régimen de Pérez Jiménez. Éramos, a fin de cuentas, unos retóricos, creíamos que el verbo suplantaba la realidad y nos daba poder. Éramos muy angustiados y todo eso lo vivimos sabiendo lo que vivíamos, sabiendo que lo que nos faltaba era grave y en verdad buscábamos que nos sucediera. Eso me lo concedo y se lo concedo a la gente de la plaza Pérez Bonalde. Pero eso duró muy poco tiempo y debo aclarar que nunca me consideré ateo, ni  renegué del  Dios del Cristianismo, ese que solemos representar en ese señor que tiene barba. Cuando llegó la época de la guerrilla contra Rómulo Betancourt, nosotros desde la ciudad colaborábamos con la gente que estaba armada en las montañas, pero cuando al fin fracaso la lucha armada, fue el pasaporte para decir: “José Ignacio llegó el momento de decir  lo que te dé la gana”. Al final produje un pensamiento crítico, absolutamente autónomo, incómodo para  Tirios y Troyanos. Cultive una gran amistad con Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez  en la idea de un socialismo democrático, porque los modelos de revolución que conocemos no son nada satisfactorios. El peor error de una revolución es considerarse así mismo absoluta y que promueva el culto a la personalidad. Yo quiero una revolución que me diga cuales son los valores que me promete.  Y finalmente te digo, yo nunca he podido imaginarme a mí mismo en un país donde no pueda decirse lo que uno quiera porque yo creo que la persona que escribe teatro  debe hacerlo para subvertir, transgredir y molestar, no para complacer. Por eso digo que no sé qué haría bajo un régimen dictatorial. Por otra parte déjame decirte que estoy cansado de escuchar que este país es una basura, un horror, un desastre. Eso es síntomas de  una frustración. Uno debe amar este maldito país. Uno debe amar esta mierda de país. Hay que amarlo para poder tener coraje de hablar mal y no hablar mal por un estado enfermizo de la persona.



-José Ignacio Cabrujas encendió el décimo cigarrillo y después de una larga pausa se paró de su silla y como faltando algo por decir soltó esta aseveración.

Gracias amigo por dejarme hablar en lo que yo creo. Al final creo que el ser humano pensante no está completo sino dentro de un contexto histórico, y eso a mí me importa muchísimo. Quizás en la otra vida sea un historiador reconocido como tantos que han sembrado el saber histórico entre el siglo XIX y el XX. La historia ocupa un lugar muy emotivo en mi vida, trato de reconstruirme a mí mismo, ya que me considero un ser histórico.

 


 

FUENTES DE CONSULTA BIBLIOGRAFICA: El MUNDO SEGÚN CABRUJAS. Intervenciones y textos periodísticos de JIC. Editorial ALFA. 2009. Caracas. JOSE IGNACIO CABRUJAS Y SU TEATRO. Leonardo Azparren Giménez. Bid&co. Editor. 2012. Caracas. CABRUJERIAS. Francisco Rojas Pozo. Universidad Pedagógica Experimental Libertador/Maracay. 1995. Maracay. OBRA DRAMATICA. José Ignacio Cabrujas. Editorial Equinocio. 2010. Caracas. Artículos sueltos de El Nacional y el Diario de Caracas. 

domingo, 21 de mayo de 2023

CRONICA POETICA DEL NIÑO CAMPESINO QUE NO PUDO SER

 CRONICA POETICA  DEL NIÑO CAMPESINO QUE NO PUDO SER /  A mi hermano Carlos Alberto

 


Allá, por aquellas lejanas  tierras  del Estado Monagas, nació el niño varón  MANUEL ARZOLAR OLIVERO. Corría el año 2011 y sus padres estaban muy contentos. Era el sexto de la cría, la familia había crecido sin darse cuenta pero sostenían el viejo lema “Dios  proveerá”.  Y es que los golpes de suerte y su  fe  en la tierra no le habían quedado mal. Las tres hectáreas que cultivaba con amor y con ayuda de su propia esposa e hijos le proporcionaban el dinero suficiente para sostener a la familia, el estudio de sus muchachos en las escuelas y por supuesto quedaba un remanente para la compra de semillas certificadas y un poco de fertilizante para la siembra de cada año. Rudy José Arzolar Olivero, oriundo de esos territorios campesinos había heredado esas tierras de sus padres, y su estructura nata campesina le indicaba continuar la tradición de sus padres y abuelos. Era un hombre feliz, entregado a las labores del campo, no le interesaba las diatribas políticas que a veces escuchaba por la radio o por alguien que se le comentaba.  



Acerquémonos a la primera dos estrofas de la canción Lamento Borincano del Puertorriqueño Rafael Hernández (1891-1965). Y veamos su analogía


Pasa loco de contento con su cargamento / para la ciudad, para la ciudad / Lleva en su pensamiento todo un mundo / Lleno de felicidad, de felicidad / Piensa remediar la situación / Del hogar que es toda su ilusión si / Y alegre, el jibarito va pensando así /  Diciendo así, cantando así, por el camino: “Si yo vendo la carga,  mi Dios querido / Un traje a mi viejita voy a comprar”….

   

MANUEL ARZOLAR OLIVERO, era un niño despierto, inquieto, ya a los dos años hablaba clarito y desde que aprendió a caminar le solicitaba al padre que lo llevara a las faenas del campo, cosa que este hacía con mucho agrado,  porque sentía que eran sus propios características y sueños que le había trasmitido, y que su compañera Katiuska aceptaba. Manuelito disfrutaba del paisaje a la sombra de  frondosos árboles, el canto de los  pajaritos, jugaba con el perro “vigilante”, que era así como se llamaba y nunca supo lo que era un juguete comprado en las tiendas, porque su papá se los hacía con materiales del propio campo y unas chapas de cerveza que conseguía. Le gustaba ir a la escuela, que aunque estaba bastante retirada de su domicilio, disfrutaba el caminar con sus hermanos. Pero más le gustaba acompañar a su papá a trabajar en el campo, porque a decir verdad la escuela era más el tiempo que estaba cerrada que abierta, los maestros faltaban mucho, por eso es que Manuelito llegó tan solo al segundo grado con doce años. Su última maestra lo reconocía como un niño con fundamento, carácter y visionario, más allá de lo que le proporcionara la escuela. Manuel, era el que más representaba la continuación y entereza del padre y de su madre.


Pero las cosas empezaron a empeorar, todo se transformó en dificultad. A partir del 2015 la economía se contrajo en más de un 75%, la gente empezó abandonar el campo e irse para la ciudad y fuera del país. Esto parecía un desierto, nadie por aquí en Caicara de Maturín quería quedarse y defender lo suyo, era como una nueva oleada del ámbito  rural a la capital  monaguense y otros Estados vecinos. Ya nadie compraba nada, no había gasolina y la constante intermitencia del servicio eléctrico daba la impresión de una ruina absoluta.  Los pobladores que se quedaron, sin recursos, quizás atados a esas esperanzas fortuitas que esta crisis tenía que pasar, su fe en Dios benefactor y su amor a la tierra.


Acá insertamos la cuarta y quinta estrofa del Lamento Borincano, donde refleja el  cambio drástico con la nueva realidad campesina, hoy vigente en Venezuela

Pasa la mañana entera sin que nadie quiera  / Su carga comprar ahí, su carga comprar / Todo, todo está desierto, y el pueblo está lleno / De necesidad, ahí de necesidad / Se oyen los lamentos por doquier / De su desdichada Borinquén si / Y triste, el jibarito va pensando así / Diciendo así, llorando así por el camino / “Qué será de Borinquén mi Dios querido / Que será de mis hijos y de mi hogar.  

 

Un día MANUEL  miró  a su padre abatido, sin saber que hacer frente al magro conuco con las semillas y fertilizantes dolarizadas, angustiado por saber de dónde sacar el dinero para comprar alimentos y  con ganas de abandonarlo todo. Entonces se le acercó  y le dijo: “Padre, no te amargues, no me gusta verte así, esto tiene que pasar, vendrán tiempos mejores y volverá la alegría a esta casa, y cuando tu estés viejito, yo me encargaré de la tierra con mis hermanos. Volveremos a ser felices Padre”. “¿Y qué crees tú que podamos hacer ahora hijo, mientras pasa está tormenta?”, le preguntó Rudy a su hijo. Y él le contestó: “Papá, muy cerca de aquí está el bote de basura y yo he averiguao  que muchas personas, y hasta familias enteras se va y sacan de la basura desechos de plástico, hierro y otras cosas útiles y la venden a un señor que pasa con un camión, ¿Por qué no vamos esta tarde y nos informamos bien del asunto papá?”  El padre le respondió: “Hijo yo lo había pensado, pero me daba vergüenza decírselos”



Nuestro poeta, escritor y periodista Miguel Otero Silva (1908-1985)  describe muy bien a nuestro niño campesino en comparación con Manuel Arzolar Olivero de 12 años de edad, en este poema escrito en 1942, cuando había pobreza en el campo y estábamos saliendo de la dictadura gomecista. Tomemos unas estrofas, significativas:

Después le hablé del palpitar del rio, / Del verde,  hecho ternura en la hondonada / Y del verde bravío de la montaña / Él me dijo que amaba el silbido del viento, / Y el azul valeroso de los cielos desnudos, / Y el canto y el plumaje de los pájaros. / (Era un niño pintor, o músico, o poeta. /  Sirvióme agua de la tinaja grande, / Y cuando me marchaba / Me tendió sonrisa fraterna de los negros. / Y se quedó mirando su paisaje / Aferrado a la choza / Como la flor del árbol. …

 


El paisaje que le ofrecía el bote de basura contrastaba con el campo. Ese era un ambiente nauseabundo, el aire pesado por el humo circundante y la alharaca de los zamuros. Para esta familia campesina  fue de gran impacto, que ya de regreso con algunos objetos acumulados en bolsas, pensaron en no volver. No obstante,  más pudo la necesidad que su débil resistencia, además que iban por un par de horas, se colocaban mascarillas y al regresar se bañaban para quitarse los malos olores y se cambiaban de ropa. Así lo siguieron haciendo por varios años. El modus operandi consistía  que los días viernes venia un señor con un camión a recoger el material seleccionado y a la siguiente semana venía con el pago por familia. “No era gran cosa el dinero, pero para algo servía”, decían los que vivían del basurero. La pobreza extrema había crecido por estos lugares, sobre todo en los últimos cuatro años, señalaban los habitantes que quedaban.



Una tarde aciaga  del mes de enero de 2022, cuando ya habían salido de la pandemia, Katiuzka empezó con unos fuertes dolores en el abdomen y hubo que sacarla a media noche para el hospital de Caicara, y de allí la trasladaron con urgencia al Hospital Manuel Núñez Tovar de Maturín, donde falleció al día siguiente por complicaciones de la vesícula. Manuelito lloró desconsoladamente y le recriminó a su padre porque no lo vino a buscar para despedirse de su madre. Después del funeral, con su dolor a cuestas le dijo a su padre: “Papá vámonos de aquí, a mi mamá la mató ese basurero. ¡Que vamos a esperar, irnos muriéndonos uno a uno! Entonces el padre le contesto: “Eso nunca hijo mío, quien nos va a recibi, pa pasa trabajo en otro país, lo pasamos aquí, yo no tengo ni un dólar partio por la mitad  pa coge pa otro lugar. Nos toca que bregar duro hijo mío,  menos mal que ustedes ya están grandes. Vamos a seguir ayudándonos con el bote pero mucho cuidado con lo que agarramos y no los llevamos a la boca. La Alcaldía me ofreció un trabajo pagándome 45 bolívares mensuales, pero eso es una burla, con eso no se hace na, son apenas dos dólares mensuales.” Así que decidieron seguir trabajando. Ya Manuelito no iba a la escuela porque cuando iba le decían  que estaban de paro nacional por exigencias salariales.



Manuel y su padre Rudy iban cada quince días a su pequeño fundo a ver algunos árboles frutales y recoger algunas semillas de caraota o frijol, si es que no se la habían llevado otros. Cada vez se asombraban de la ruina del campo, la falta de agua era otro problema que estaba confrontado en los últimos tiempos y la ausencia de ayuda gubernamental. Rudy, de 47 años de edad, campesino analfabeta, no sabía ni le interesaba la política pero no podía concebir los escándalos de corrupción del gobierno,  de las petroleras  y que para ellos, los campesinos,  no existiera una asistencia para cultivar su  tierra o un crédito pequeño como en otras épocas. ¿Cómo es que  habían llegado al poder ofreciendo socialismo y mejores condiciones de vida? ¿Cómo es que en veinticinco años íbamos de mal en peor, matando a los pobres de hambre y empobreciendo al campesino?,  ¿Es que acaso  los terratenientes y los que se enchufaban tenían derecho, y el pueblo trabajador qué?  Pero Rudy no sabía ni leer ni escribir, y  en todo caso, para que le serviría. Padre e hijo habían conformado una llave que se escuchaban sus penas y se animaban uno al otro. Pero llegó el nefasto día de una noticia que recorrería el mundo de las redes noticiosas digitales y hasta el diario ABC de España traslado a periodistas a Caicara de Maturín para hacer un reportaje de primera mano bajo el título: “Mi hijo murió tras comer basura del botadero” la muerte de un niño de 12 años que se convirtió en un símbolo de la pobreza extrema de Venezuela.

Ese 7 de abril de 2023 nuestro niño Manuel se levantó temprano, tomó guarapo de café con un pedazo de pan duro que le había regalado un vecino, siempre pensaba en su familia, su madre ausente  y su amado padre. Le dolía la situación que atravesaba pero se daba esperanza depositada con aquella peregrina expresión “si Dios quiere, hoy nos va mejor”. Salió al patio, vio el bonito paisaje y pensó en su madre levantando la mirada hacia los cielos. Así que con una botellita de agua y una vara que le servía para remover la basura, salió al bote con su padre y dos de sus hermanos. Manuel era muy observador y minucioso en lo que recolectaba, por lo general se separaba de sus hermanos y los llamaba cuando encontraba algo que valiera la pena. Así que descubrió un paquete grande de galletas semiabierto y como el estómago le golpeaba  con intensidad decidió comerse varias hasta saciar un poco el hambre acumulada. Fue demasiado rápido, se sentó en un banco, tomó agua y llamo como pudo a sus hermanos hasta que se desvaneció y no supo más de sí.



Lo demás es historia conocida. El periodista Norberto Paredes de la BBC. Nuevo Mundo recoge la versión de los hechos. El papá Rudy José Arzolar no deja de llorar ante la muerte de uno de sus siete hijos y exclama: “En el Hospital de Maturín pudieron salvarle la vida, pero no hicieron caso. Al terminar yo me vine adelante para la casa, era el mediodía y traía algo para sancochar, y mis hijos se quedaron. Poco después mi hijo vino corriendo y gritando: “Papi, creo que Manuel está envenenado porque está tirado en el suelo  sin poder moverse”. Fue Ana, su hijastra mayor, quien lo socorrió y lo llevó al Hospital de Caicara donde le hicieron un lavado estomacal para que vomitara. De allí lo trasladaron al Hospital Manuel Núñez Tovar de Maturín para que le hicieran otro lavado estomacal “urgente”. Estaba perdiendo pulso y no paraba de convulsionar.  



Y termino esta dolorosa crónica de mi atribulado país con la última estrofa de Miguel Otero Silva en su poema NIÑO CAMPESINO. Queda en mis amables lectores su interpretación. Gracias.

 

Yo descendí la cuesta / Desbandando mi palomar de angustias / Por los niños poetas, / Por los niños pintores / Por los niños artistas / Que nacen en las chozas de mi tierra / Y se quedan mirando barrancos / Para toda la vida. / Por las obras que nunca han de nacer / Porque están en el mundo con las manos cortadas / Esos niños terrosos de las chozas marchitas. 

domingo, 7 de mayo de 2023

EL CASO PAREQUEIMA Y EL SINDROME DE LA DECADENCIA VENEZOLANA

 


                       EL CASO PARAQUEIMA Y EL SINDROME DE LA DECADENCIA VENEZOLANA

 

“Quien pintó eso tan horroroso,  me cuentan que fueron los niñitos asperger. ¿Con que lo pintaron? ¿Con las patas? ¿Qué intentaron hacer ahí? ¿Un paisaje de qué? Que cosa tan horrible, tan espantosa. ¿Por qué pintar eso en la primera carrera. ¿A quién se le ocurrió eso?  Me quitan eso de ahí. Y cuando vayan a pintar algo, tienen que pasar por Ingeniería y decir que es lo que van a pintar”.   Tomado de un audio que se hizo viral,  del sociólogo y Alcalde de El Municipio El Tigre. Estado Anzoátegui.  Ernesto Paraqueima.  03 de mayo de 2023.



Síndrome: Conjunto de síntomas o afecciones que se presentan juntos y sugieren la presencia de cierta enfermedad o una mayor probabilidad de padecer de la enfermedad. Tomado de Google.

“...estoy comprometido con la necesidad de transformación en el individuo y el primer paso es observar lo que somos. Conozco jóvenes de los que se llaman a sí mismo revolucionarios, a quienes no les gusta que se les hable de esto. A ellos no les interesa verse como son, observar sus reacciones sin disfrazarlas, explorarse en la convivencia, con honestidad”. Poeta Rafael Cadenas. Tomado de Selected Poems.  Bid & co.editor. 2009.  

 


Soy testigo de la Venezuela Chavista, que se inició con el ascenso de HCHF al poder, en mi condición de educador; con un desempeño de maestro de aula y directivo por varios años, actualmente jubilado y protagonista de la política venezolana durante medio siglo, escribo este artículo con mucho dolor y asombro de lo que está sucediendo en la Venezuela del Siglo XXI, es como para tomar un pañuelito y sentarse a llorar por un largo rato. Es que estamos asistiendo de manera acelerada al desmontaje de la Venezuela moderna  que soñaron los hombres y mujeres del siglo XX, en lo que respecta a valores éticos y morales del ser ciudadano. No olvidemos que estábamos saliendo definitivamente de la ruralización de la sociedad por su modernización democrática, cuyo andamiaje estaba en una economía de progreso para todos en la medida de sus posibilidades, en una institucionalidad democrática que garantizara la probidad y la justicia en la atención al ciudadano, en el respeto a la libertad de expresión y de opinión con una prensa libre, en la participación política teniendo los partidos políticos como elemento fundamental y las elecciones cada cinco años, teníamos una Constitución modélica como fue la de 1961 y que fue  mejorada por los constituyentes en 1999.  Un Sistema educativo Venezolano que se fue fraguando con los pensadores, políticos e intelectuales de una  generación de la talla  de Luis Beltrán Prieto Figueroa, Arturo Uslar Pietri, Leonardo Carvajal, Ángel Rosenblat, Luis Caballero Mejías, Rafael Pizani, José María Trujillo Velaz, Luis María Olaso, Rut Lerner de Almea, Antonio Luis Cárdenas, Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco  y un largo etc. Todos ellos, muchos de la llamada generación del 28, venían de una formación humanística y social, inspirados no solo en las concepciones modernas de la educación sino también de los grandes aportes de quienes pensaron en Venezuela siglo atrás. ¿Y cuáles eran esos valores inspiradores que tenían en la educación su presencia fundamental para construir hombres sanos y rectos? : La honestidad, el valor del trabajo y del progreso por esfuerzo propio, la técnica, los valores de cortesía y urbanidad, los principios morales y religiosos, el respeto al otro, el derecho a opinar, la igualdad social sin distingo de razas, religión o posición social, el buen hablar y el buen pensar, etc. puesto de manifiesto en la civilidad y desenvolvimiento familiar y ciudadano.  Y en el ámbito educativo se avanzó mucho con la democratización y el flujo de oportunidades de estudio, inclusive desde la sección de Educación Especial del Ministerio de Educación,  para finales de la década de los ochenta,  se planteó no seguir estigmatizando y separando a los niños, jóvenes y adultos que tenían alguna discapacidad física o mental. Había que incorporarlos a la sociedad y a la educación pública sin ningún tipo de discriminación, etc.     ¿Y dónde comenzó a desbaratarse  este proyecto de país?  Durante el ejercicio de la era democrática que duró cuarenta años, y que como todos sabemos comenzó con el gobierno de Rómulo Betancourt. Pese a las reformas, avances indiscutibles de una sociedad pluralista y civilista, fueron incubándose una serie de antivalores como lo son: el clientelismo partidista, las demagogias electorales, el populismo, una burocracia que fue descuidando su rol con la flojera, acomodarse en el cargo, hacer caso omiso al incumplimiento de la ley, la indiferencia frente a pequeñas y grandes  corruptelas, lo que después se calificó como  una sociedad de cómplice  en desmedro de la ciudadanía, que muchas veces al reclamar, no solo no se le reconocía su derecho sino que se le desconocía su demanda. Esto llegó a niveles de violencia social y el llamado caracazo de 1989,  no es más que la manifestación popular  más grande que se haya producido en la historia contemporánea y que indicaba que había que corregir los males del enfermo o de lo contario nos íbamos por el despeñadero.



¿Y nos fuimos por el despeñadero? Sí, porque El Comandante Eterno y su heredero en vez de acometer esas grandes tareas atacando sus vicios, desigualdades y corruptelas acumuladas con las mismas armas que el sistema democrático le ofrecía, se plantearon  como Caballo de Troya, destruir la democracia por dentro e imponer otro modelo político de índole totalitario y del culto al caudillo, lo cual no corrige el mal sino que más bien lo utiliza para su perpetuación en el poder con un sujeto ciudadano sumiso y obediente. Entonces es allí donde los antivalores han tenido y siguen teniendo  su papel fundamental en toda esta ejecutoria que lleva veinticinco años. ¿Y cuáles son esos antivalores? La vulgaridad, la violencia en el lenguaje, la manipulación, el descaro, la inmoralidad, el doble discurso, la deshonestidad, la relatividad de la verdad con aquello de que lo que es para uno la verdad para el otro no lo es, la indiferencia y hacerte el loco frente a los grandes problemas del país y de tu propia comunidad (estés adentro o afuera del país),  el “ponme donde haya” en su nueva versión de enchufado, la política de los bonos y dadivas contrarios al trabajo productivo,  la conducta hipócrita al no expresar lo que siento frente al otro que tiene más poder que yo, el uso del cargo público con fines personalista aplastando a los demás si disienten ya que “el cargo habilita”, etc. Y por último no menos importantes ¿Cuáles son los ejemplos concretos?: Basta y sobra  con escuchar todo el discurso oral  de HCHF, NM, los programas de Zurda Konducta, La Hojilla con Mario Silva, Con el Mazo dando, el gobernador de Carabobo Lacava, Jorge Rodríguez, y el que usted ahorita se recuerde. Es decir, no hay hueso sano en el marco del chavismo-madurismo, porque en general en la emergencia de la mediocridad, el falso resentimiento social, la sumisión frente al poder con otros fines, totalmente distintos a los valores democráticos y modernos. Lo preocupante de todo esto es que esas conductas de los que “dirigen al país” se trasvasan a la sociedad y se convierten en modos de comportamiento del venezolano del siglo XXI. Por ello hablo del síndrome de la decadencia y que EL CASO PARAQUEIMA es emblemático, es un chivo expiatorio, que paso a describir.  



Ernesto Paraqueima es sociólogo y político de cincuenta años, hasta hace poco Alcalde de El Municipio El Tigre, uno de los más importantes del Estado Anzoátegui. Es un personaje noticioso porque ha venido teniendo actuaciones públicas en el marco de los antivalores que señalo arriba, como por ejemplo, promocionando productos comerciales de uso sexual y la formas directas en su uso, como el caso de enseñar un bikini con un orificio en todo el centro del clítoris y llamarlo “el rapidito”, entregarle un pene enorme de plástico a una señora, con insinuaciones sexuales, pero por otra parte criticar y exponer a la vergüenza pública a las embarazadas adolescentes, calificándolas de sinvergüenzas, altas paridoras y que no las quiere ver en las plazas públicas que están hechas para las familias decentes. Cuestiona la homofobia y dice que “aquellos que le tienen odio y rabia a los homosexuales están descubiertos, es decir tienen un marico adentro”, pero por otra parte señala públicamente que no quiere ver a homosexuales en las plazas porque dan  un mal ejemplo. Además condena a los indigentes por “flojos e irresponsables” que no estudiaron y ahora quedaron para pedir. En una anécdota, el ahora ex-alcalde, señala que se encontró uno que le fue a pedir y le dijo: “está bien yo te voy a dar unos dolaritos, pero eso si tú te vas a ir a la ferretería y te vas a comprar un mecate y después te vas para detrás de aquella escuela y ya tú sabes lo que vas a hacer”. Pero él se gana unos cuantos dólares no precisamente como funcionario público sino prestando su imagen a grandes monopolios comerciales como DACA, cuyos socios están la familia Daga y Carlos Malpica Flores, además de la empresa Mundo Oriental y sus objetos sexuales. Paraqueima creo una empresa de aseo urbano denominada FOSCUPA que cobra en dólares y amenaza con cárcel a particulares que pretendan recoger la basura a menor precio, es decir promueve un monopolio, contrario a lo que señala La Constitución. Pero ahí más, el fiscal Tarew William Sab señaló que “en el pasado creo un equipo delictivo que aplicaba la pena de muerte contra indigentes y animales, sus acciones han sido aterradoras”



Pero, lo curioso que hizo derramar la copa, no fue todo este prontuario, sino un audio que trascendió en las redes sociales contra los niños autistas, calificando sus dibujos, en un mural,  de horroroso, espantoso, que eso no podía estar en unas de las avenidas principales porque afeaban el ambiente, y se preguntaba si habían sido pintados con las patas. Su autoritarismo es tal que no se dedicó a investigar las fuentes del susodicho mural sino que exhortó a que lo quitaran de allí, que lo borraran. La realidad es que el mural es un proyecto de la Asociación Vidas Asperger dirigido por la artista Patricia Posani que tomó un dibujo de un niño autista y lo reprodujo en la pared  en forma de mural gigante con los colores que el niño seleccionó. Ella, lo explica: “Es una obra de arte ingenua que busca mostrar la transparencia  de la mente, el pensamiento de una persona con autismo que está desde la sinceridad y de decir lo que piensa y mostrar con alegría y esperanza que las cosas pueden ser siempre mejores”.  Está claro quién es el ignorante, mediocre y malhablado.



Muchas preguntas que seguramente se hacen mis lectores: ¿Qué clase de sociólogo es este que atropella con un lenguaje soez y  escatológico?:   ¿Por qué este alcalde no fue detenido a tiempo en sus tropelías, inmoralidades y ofensas ciudadanas? ¿Por qué tuvo que venir a actuar el Fiscal General, después de mes y medio difusión de este audio que se hizo viral en las redes?;  ¿Que pasó en el Municipio de El Tigre que no reaccionó a tiempo?; ¿Realmente les preocupa el trato discriminatorio y grosero contra los niños en esa condición?; ¿Por qué no se realiza una investigación exhaustiva de lo que ha pasado en estos últimos veinticinco años? Ernesto Paraqueima hoy está preso y lo sorprendente es que es menos de cinco  días le dieron el privilegio de casa por cárcel, producto de los mismos resortes del poder de gente que lo ampara, cosa que no hacen con tantos presos políticos que hasta  han fallecido en reclusión por dolencias y enfermedades agravadas o contraídas en el mismo cautiverio,  o como el caso más emblemático  de El Director General de FUNDAREDES Javier Tarazona que lleva 22 meses de detención arbitraría y privación ilegítima de su libertad por defender los derechos humanos y denunciar irregularidades en nuestro territorio fronterizo con el avance de las guerrillas colombianas, sin contar ninguna medida de gracia. Y una pregunta de oro: ¿Por qué no está preso Tarew Alsaime, Presidente de Petróleos de Venezuela, acusado de ser el jefe de unos de los desfalcos más grande a  la nación en su historia?



Que lejos estamos de aquella generación del 28 que amo este país y echó las bases que el chavismo-madurismo destruyó. Veamos las palabras escritas para la historia de uno de los prohombres que lucharon aún a riesgo de cárceles y muerte, me refiero a Miguel Otero Silva (padre) quien en un prólogo de su nóvela Fiebre, escribe: “Con la generación del 28 emerge fortalecido el pensamiento civilista, los ideales de libertad y justicia social, y el convencimiento de que, con la acción tenaz y persistente de la ciudadanía, se llegaría paso a paso a un sistema democrático. Esa fue la semilla del estado de derecho que hoy disfrutamos, de una meta lograda a pesar de los obstáculos encontrados a pesar de la interrupción del proceso durante la década 1948-1958 a consecuencia de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez”. 

   


¿Estaremos cerca o lejos de reconquistar la democracia? No se sabe porque el camino es demasiado pedregoso entre obstáculos,  torpezas, conciliaciones con la dictadura delincuencial, secuestro de los poderes, represión y crímenes de lesa humanidad, etc. Ojala que todavía existan reservas morales y democráticas en la sociedad que desde la resistencia y la acción podamos coronar con éxito, lo que hoy es muy nebuloso. Lo peor que nos puede pasar es que en  estos veinticinco años haya cristalizado una generación con las malformaciones que el chavismo-madurismo ha venido trabajando desde que llegó a Miraflores, la generación con el síndrome de la decadencia, y de lo cual el sociologo Paraqueima es una pequeña muestra.